Unos días para el encuentro y la solidaridad Por Eugenio Rodríguez - Revista Cresol

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UNOS DÍAS PARA EL ENCUENTRO Y LA SOLIDARIDAD
Eugenio Rodríguez (Párroco en san Marcos, de Ciudad Alta, en Las Palmas de Gran Canaria. Miembro de la Fundación Encuentro y Solidaridad)

Amigos de Cresol:
He pasado unos días magníficamente acogido por ustedes y me ha dado gran alegría. A mi me alegra compartir proyectos, tareas, entusiasmos, historia, encarnación...
Es verdad que cada Iglesia local tiene su tono y ustedes tienen un tono práctico, realista, que resulta muy grato.

Para mí ha sido muy grato saludar a Vicent Comes. Hace años que Juan Biosca me habló de Luis Lucia y me ha parecido un personaje interesantísimo. Ese conocimiento histórico creo que ilumina el quehacer político actual sobremanera. Que Vicent además sea foucouldiano establece además una sintonía muy bella.

Me parece hermoso que muchas personas se hayan puesto en el filo de la navaja de la legalidad vigente queriendo ser solidario con los migrantes. Me ha gustado compartir un rato con un grupo de personas a quienes Jesús invitó a conocer el nuevo movimiento “Encuentro y Solidaridad”. No estamos por la apologética y la captación pero sí por el encuentro y la solidaridad. No somos más listos que los demás y queremos buscar juntos nuevos caminos.

Precisamente para Encuentro y Solidaridad queríamos pedirle unas colaboraciones a Jesús Conill que nos recibió con gran espíritu fraternal. Nunca había visto yo tomar notas a lapiz con gran interés a las personas a quienes he pedido este tipo de “ponencias”. Tuve la sensación de estar con un sabio que con toda humildad quería transformar desde dentro este mundo sediento, desde su parcelita del “saber” y la universidad.

Jesús Belda me llevó a una charla magnífica sobre Teilhard en La Nao, donde pude percibir la belleza del diálogo fe-cultura. La vida cultural de la ciudad tiene muy buena pinta.
Me desagradó mucho ver la ciudad tan llena de repartidores en bici. Es una de las peores formas de explotación actuales. Puede que haya preocupación eclesial o sindical sobre el tema pero yo no la noté.

Los hermanos sacerdotes me dieron la impresión (quizá superficial) de estar cansados en general.
Algo me ha dejado una huella imborrable: en la visita a Nova Terra me encontré la carta que conserva F. Cobacho de un anarquista perdonando a los que le van a matar dos días después. Con buen sentido Paco tiene detrás de esa carta (y no al lado) la esquela puesta por un beato católico. No cabe más que el silencio. Y poner lo que haga falta para tender puentes, aunque sea el cuerpo.
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