Teología de la maternidad, por A. Wozna - Revista Cresol

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Posibilidades y retos de una
teología de la maternidad

 
Antonina Wozna
 
Estado de la cuestión
“La familia remite a la experiencia de la paternidad/maternidad, una experiencia tan grande que limita el absoluto de Dios-Trinidad; en efecto, ser padres/madres significa hacerse partícipes de su eterna fecundidad e irradiarla en la historia. Es éste un tema sobre el que la investigación teológica no ha trabajado bastante. En efecto, falta una verdadera teología de la paternidad/maternidad, al menos en términos suficientemente amplios, del mismo modo con que se habla, por ejemplo, de una teología de la pareja y de una teología de la conyugalidad (…). El fundamento último de la paternidad y la maternidad tiene que buscarse en el misterio de Dios-Trinidad”.
 
  Estas palabras de Carlo Rochetta, en su libro Teología de la ternura. Un evangelio por descubrir (Salamanca, 2001, p. 357), muestran que la teología necesita un desarrollo específico de una teología de la maternidad, como la de la paternidad y cuyas raíces se deben buscar en el misterio trinitario, el pleno centro de la fe y la teología. De esta forma se abandona la visión del amor humano y su fecundidad en disociación de lo célibe y en inferioridad a otros debates.  
 
  Como respuesta a la necesidad de una mayor reflexión teológica sobre la maternidad, las mujeres, madres y teólogas toman la palabra y su máxima representante, al menos en el ámbito español, sería María Dolores López Guzmán, cuyo libro:
 
Donde la maternidad se vuelve canto: apuntes para una teología de la maternidad (Sal Terrae, 2006) esboza un proyecto de reflexión sistemática y experiencial sobre los aspectos fisiológicos, mariológicos y de género de la maternidad con un enfoque cristiano.
 
  A la vez, apunta a la necesidad de una reflexión crítica que evite los clichés de idealización de la maternidad o el encerramiento de las mujeres en el rol de madres naturalizando su vocación cristiana desde la procreación.
 
  El punto común de ambos autores es asignar ciertos rasgos, atribuidos tradicionalmente a las mujeres: como puede ser la ternura, entrañas de caridad, a Dios fecundo y creador. Así se plasma también el cuestionamiento de los tópicos masculinos de dominación y violencia que, a menudo en la teología se adscribían a la imagen divina legitimando la opresión e invisibilización de las mujeres, en nombre del (ídolo del) dios- varón.
 
  Según Mª Dolores López Guzmán, la maternidad se habrá asociado a la mujer que lleva en sus entrañas un nuevo ser y lo da a luz. Considera que hasta los hombres pueden ser madres y la propuesta de la fe a cada creyente es dar la luz del Evangelio a los demás y favorecer su crecimiento cristiano, porque el Dios-Padre ama con un corazón maternal.
 
  Por lo tanto, vale la pena meditar el significado de una vocación universal a la experiencia de la maternidad, de la que la reflexión teológica apenas se ha ocupado, en la que, sin embargo, Dios se muestra especialmente elocuente.
 
  No se trata de hacer una exaltación de la madre o de la mujer, sino resaltar la cercanía de Dios a la humanidad, expresada de modo singular en ellas y realizada de forma radical en María. Allí podemos descubrir el corazón materno de todo cristiano, de la Iglesia y del mismo Dios. Esta formulación que estaba presente en los orígenes del cristianismo sí que ha estado marginada durante mucho tiempo y conviene rescatarla porque es una riqueza para todos.
 
  En este sentido, la maternidad adquiere un carácter misionero, comunitario y eclesial, conectando con la pluralidad de las disciplinas teológicas.
 
Presupuestos tradicionales
  Los tímidos intentos de elaborar una reflexión coherente en torno a la maternidad, cuentan con los siguientes presupuestos tradicionales:
 
- Los textos bíblicos, sobre todo en referencia a María, como por ejemplo: André Feuillet, que en la Nouvelle Revue Theologique, 86 (1964) plantea la maternidad espiritual de María en Jn 19, 25- 27, desconectando las funciones maternales de las directamente reproductivas, presentando a María como nueva Eva, conectándola a la maternidad metafórica de Sión, mostrando la faceta maternal del amor de Dios por sus hijos en el sermón de la Cena en Jn 14- 16, encontrando las referencias a los textos de Isaías 49 y 51.
 
  Desde allí construye la propuesta de la unidad de la Iglesia a partir de la nueva alianza, para concluir que: “Los hijos de la Iglesia, que lo son también de la Virgen, no deben olvidar que, a través de María y de la Iglesia, llega a ellos el amor paternal a la vez que maternal de Dios” (cf. http://www.selecionesdeteologia.net/selecciones/llib/vol3/12/012_feuillet.pdf).
 
  No obstante, de alguna forma María solamente representa, sea a la Iglesia, sea a la maternidad de Dios y esta maternidad está acompañada por los atributos como “espiritual” sin reflexionar sobre las experiencias de María ni su impacto en la vida real de las mujeres y varones que desean ser discípulos de Jesús a través de María.
 
- Los textos magisteriales, como puede ser la Carta Apostólica Mulieris Dignitatem, en referencia a la maternidad. Carmen Álvarez Alonso, en su publicación “Hacia una teología de lo femenino” (http://www.laici.va/content/dam/laici/documenti/donna/teologia/espanol/hacia-una-teologia-de-lo-femenino.pdf) afirma que una interpretación meramente biofisiológica de la mujer y de la maternidad, derivada de una visiómaterialista del hombre y, por tanto, de su cuerpo, devalúa la feminidad en lo que tiene de su significado más personal.
 
  La maternidad está esencialmente vinculada a la estructura de la mujer y participa, por ello, de la dimensión personal del don (cf. MD 18).
 
  La carta trata de la maternidad virginal, universal, simbólica. Se distingue la maternidad humana de la maternidad femenina y también se encuentra la referencia a la maternidad divina. El propósito es descubrir la integración de lo masculino y lo femenino en la historia de la salvación y como ejemplo se pone a María y su aspecto de la maternidad en cuanto Madre de Dios.
 
  Este enfoque conecta la maternidad biológica de María en cuanto signo de su maternidad espiritual que culmina en la Cruz. La acción del Espíritu Santo en el mundo comunicando a los hombres su vida divina, se da, según la interpretación de Carmen Álvarez, a través de la feminidad y, de manera particular, en la maternidad de la mujer.
 
Planteamientos actuales
  Actualmente, sin embrago, las mujeres que reflexionan sobre su papel de madres y cristianas, prescinden de las antropologías que pretenden polarizar la naturaleza del ser humano en una oposición binaria, o como dice Álvarez Alonso: “dos modos de ser hombre, masculinidad y feminidad”. También niegan que la pretensión feminista sea solamente la de liberarse del dominio del varón y, menos, por el camino de la masculinización de lo femenino. Están de acuerdo en que la cuestión de las mujeres, igual como la de la humanidad, sigue reclamando una respuesta teológica que responda a la verdad plena de la persona, pero no se puede buscar “la perfección de la feminidad” de forma esencialista y naturalizadora (cf. p. 260- 261), sin trazar un proyecto creativo, holístico y no excluyente de las mujeres de su propia historia y sin contextualizar tanto la reflexión mariológica y ontológica, como bíblica y moral entorno a la sexualidad y género.
 
  A continuación recopilaremos brevemente los aspectos que preocupan a las mujeres creyentes e investigadores a la hora de diseñar una teología de la maternidad.
 
Trabajo, producción, reproducción, familia y matrimonio
  El primer movimiento sería el de crítica y deconstrucción de los planteamientos que en sus presupuestos sean sexistas y legitimen el status quo que idealiza o esencializa la condición de las mujeres en cuanto reproductoras, sobre todo en oposición a lo productivo.
 
  Esto se refiere tanto al campo de trabajo (social y político), como al ámbito simbólico (religioso). Las propuestas de la teología bíblica de la maternidad que partan de la convicción, por ejemplo: “no es bueno que el hombre esté solo” (cf. http://jimhamilton.info/wp-content/uploads/2017/01/UNA-TEOLOGÍA-BÍBLICA-DE-LA-MATERNIDAD.pdf) reproducen la gramática de la reflexión teológica que pone al varón por norma y a partir de allí toda la reflexión queda marcada por el sesgo sexista, reflejo de la sociedad que ha escrito el texto en su contexto histórico.  
 
  Nancy Chodorow publica en 1978 “La reproducción de la maternidad” que ha investigado acerca de la relación madre–hija y las formas en que las mujeres crean y recrean internamente esa relación. El centro se pone en la experiencia, no en los presupuestos abstractos o espirituales, y sobre todo en la importancia de recuperar la memoria de las vivencias silenciadas e invisibilizadas entorno a la maternidad.
 
  ¿Con qué fin? Para que la maternidad no se considere el deber natural de las mujeres, ni siquiera la condición específica femenina, en cuanto reduciendo la madurez femenina a la capacidad de concepción y reduciendo su tiempo solamente a los ciclos de fertilidad. La condición femenina es mucho más que la maternidad, aunque durante muchos siglos se ha mantenido esta creencia para mantener ciertas estructuras jerárquicas y piramidales dentro de la familia e instituciones, en las que las mujeres se convirtieran en los sujetos pasivos de reproducción y asignando el valor a la producción activa, responsabilidad del varón.
 
  A través de la educación las niñas perpetuarían su destreza y propensión hacia el cuidado y la sensibilidad, mientras que los niños se diferenciarían hacia la edad de 7- 8 años del mundo compartido de la ternura, para adaptarse al rol designado en la sociedad: del que ocupa puestos públicos, aporta, supuestamente, a la sociedad con la producción.  
 
Democracia, educación, patriarcado, mitos y ritos fundacionales, espejismo de la igualdad
  Gilligan es muy explícita en este sentido. Considera que las consecuencias de una cultura organizada en torno a un modelo binario y jerárquico basado en el género, o de la cultura del patriarcado en el que el hombre significa no ser mujer, ni nada parecido, además de encontrarse en la cumbre, son:
 
- La incapacidad de preocuparse por los otros en los chicos.
 
- La incompatibilidad de la democracia con el patriarcado.
 
“La ética del cuidado no es una ética femenina, sino feminista, y el feminismo guiado por la ética del cuidado podría considerarse el movimiento de liberación más radical -en el sentido de que llega a la raíz- de la historia de la humanidad. Al desprenderse del modelo binario y jerárquico del género, el feminismo no es un asunto de mujeres, ni una batalla entre mujeres y hombres, sino el movimiento que liberará a la democracia del patriarcado” (Gilligan, C., “La ética del cuidado”, en Cuadernos de la Fundació Víctor Grofols i Lucas 30, Barcelona 2013).
 
  Resumiendo esta postura, podríamos concluir, siguiendo el texto de Beatriz Moncó: “Maternidad ritualizada: un análisis desde la antropología de género” (http://www.aibr.org/antropologia/aibr/socios.php) que existen los medios por los que los ritos de paso refuerzan los imperativos ideológicos de un modelo de maternidad tradicional. A la vez, podríamos descubrir a lo largo de la historia en la maternidad, que su amplio aspecto de embarazo, parto y crianza, ha sido parte central en la constitución de un saber femenino, y éste se fue extendiendo estratégicamente a otras facetas de las vidas de las mujeres: las redes sociales de solidaridad, la ayuda y el intercambio de conocimientos y experiencias. No obstante, la homogenización propia de la naturalización, la visión de la maternidad como una esencia femenina y la configuración de grupos homogéneos e idénticos mediante ella, se ven reforzados y legitimados mediante algunos rituales e iconos. Además, algunos rituales y las instituciones se sirven de tales procesos y fenómenos para crear una ficción de igualdad entre hombres y mujeres de manera que las desigualdades de género parezcan inexistentes.
 
  La ritualización y la idealización de la maternidad no sirve a los intereses de las mujeres: ahora mismo, en la coyuntura económico-política actual, las mujeres desempeñan ambos roles reproductiva y productiva, supuestamente en nombre de la igualdad, pero es un espejismo de la igualdad ya que supone carga doble para las mujeres, sin asumir la carga equivalente por parte de los varones. El desgaste es evidente y la solución no es volver atrás en las reivindicaciones feministas. Este desgaste se muestra en el desencanto, desilusión, pérdida del sentido y de la identidad, en la pérdida de la humanidad. El abuso de las energías femeninas significa que la parte privilegiada de la humanidad (masculina) vive a costa de las mujeres y la maternidad, sigue considerándose “cosa de mujeres” pero no lo suficientemente importante para la sociedad como para apoyar o pagar por el trabajo de las madres en cuanto educadoras y agentes de formación. La maternidad sigue considerándose no-trabajo y no es productivo, por lo tanto no vale.
 
  Esta reflexión tiene que ver con los criterios del género y status y la construcción cultural de lo doméstico en contra de lo público, la propiedad y el contrato social: el matrimonio, como comenta Henritta Moore en su estudio: Antropología y feminismo (Valencia, 1991).
 
Aspectos teológicos y doctrinales
  A nivel teológico, la reflexión sobre María en cuanto “verdadera hermana nuestra” en comunión de los santos, permite una adecuada contextualización de los aspectos destacados en la mariología: eminentemente la maternidad divina, con el fin de buscar en su persona un modelo equilibrado y realista del proyecto de las mujeres, como propone Elisaebth Johnson en su libro: Verdadera hermana nuestra-Teología de María en la comunión de los santos (Barcelona, 2009) descubriendo los factores a tener en cuenta cuando hablamos de María como discípula de Jesús y después, más adelante, el modelo de la maternidad, a saber:
 
- tópicos culturales mediterráneos, situación de pobreza en la casa de María (los Anawim)
 
- las diosas contemporáneas: Atenea, Astarte, Cibeles, Juno como “prototipos” de María en el imaginario popular
 
- carga simbólica que se proyecta sobre María
 
- atributos del Espíritu Santo asignados a María
 
- orígenes del los títulos (madre/ virgen)
 
- descubrimiento de María histórica
 
- planteamiento sobre María desde la comunión de los santos
 
Concluyendo
  Resumiendo estos entramados tan complejos: simbólicos y socio-políticos, llegaríamos a la conclusión, que se necesitaría, por un lado, una reflexión antropológica, ética, política y social que descubra el sesgo patriarcal que legitima las estructuras que idealizan la maternidad para mantener el estado político de siervas y de mano de obra barata sobre la que se sustenta la rueda económica dominante, en definitiva, infravalorando el papel de la maternidad y de las mujeres en la sociedad.
 
  Por otro lado, a nivel teológico, haría falta una lectura contextualizada y crítica que ponga de relieve las ausencias desproporcionadas de las mujeres, los olvidos, los silenciamientos, fruto de las retóricas y recuperar las historias de las mujeres a través de las hermenéuticas actuales. La búsqueda de otras mujeres en la Biblia y en la historia de la Iglesia: profetas, ascetas, viudas, diáconos, permite ver los liderazgos y los roles de las mujeres que no son modelos de liderazgo, no tanto en función de su maternidad, sino por el discipulado y la valentía en la fe por descubrir su propia historia y encontrar en ella el reflejo de la esperanza que Dios confía en la humanidad para que demos fruto, fecundo.
 
  Junto a este análisis crítico de la situación actual y al constatar el grado tan incipiente del desarrollo de la teología de la maternidad/paternidad, permítanme las palabras de agradecimiento a todas las mujeres que viven su maternidad con dignidad, las que sufren porque su maternidad no es correspondida, ni reconocida, quizás sea forzada o, por el contrario, se ven privadas de la misma forzosamente. Este agradecimiento acompaña la presencia de mi madre que ha cuidado para que pudiera escribir y que puedan leerlo, siendo también mujer.
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