Sensación de fracaso, por J. M. Marhuenda - Revista Cresol

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Sensación de fracaso, por J. M. Marhuenda

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Sensación de fracaso ministerial
José Manuel Marhuenda Salazar

 En nuestra diócesis nos encontramos en el Proceso de Reencuentro Sacerdotal. Entre las razones para iniciar este Proceso de Reencuentro estaba la creciente aparición entre los curas de signos de desilusión, cansancio, fracaso, quemazón… A menudo se da una sensación de fracaso en relación con nuestra actividad ministerial.

  Muchos sacerdotes tienen la sensación de que todo su trabajo no da fruto y de que, al final, nada funciona. Como decía un compañero: supone un enfrentamiento continuo y uno se harta. Puedes haberte esforzado durante años, y luego llega un nuevo cura y en un curso echa por tierra todo lo anterior que tú habías trabajado “y no pasa nada”, con lo cual uno acaba planteándose para qué va a romperse la cabeza y esforzarse. Se siente lo que decía el profeta Isaías (49, 4): «En vano me he cansado, en viento y en nada he gastado mis fuerzas». Y aunque el versículo continúa con una expresión de esperanza, no es eso lo que se siente.  

  En este contexto cobra toda su fuerza la intención de oración del Papa Francisco para el mes de julio: “Para que los sacerdotes que viven con fatiga y en la soledad el trabajo pastoral se sientan confortados con la ayuda de la amistad con el Señor y con los hermanos”.

  Y es que el Papa Francisco no es ajeno a esa realidad que afecta a tantos sacerdotes, como ya indicó en Evangelii Gaudium, 78: pueden advertirse en muchos agentes evangelizadores, aunque oren, una acentuación del individualismo, una crisis de identidad y una caída del fervor. Son tres males que se alimentan entre sí.

  Estos tres males de los que nos habla el Papa necesitan ser contrarrestados con la oración. Pero no sólo la oración de quienes sufren la fatiga y soledad, sino la oración de intercesión de los demás. Una oración que nos ayude a tomar conciencia del Plan de Dios en nuestra vida, para que descubramos qué es lo que el Señor espera y quiere de nosotros, y no nos agotemos por la ausencia de los frutos y resultados que nosotros esperábamos.

  La oración es el principal instrumento que tenemos para ir discerniendo lo que el Señor quiere de nosotros, y así poder cumplir su voluntad. Y es el instrumento que nos pone a todos en comunión, por eso el Papa ha expresado esta intención de oración, porque el rezar los unos por los otros nos hace tomar cada vez más conciencia de ser hermanos, es algo que todos podemos hacer por los demás, a veces lo único, sobre todo por quien más lo necesita.

  La oración nos ayuda a vivir la soledad en el ministerio, ya que es una de las dimensiones que debemos asumir, pero con la oración nos daremos cuenta de que es una soledad aparente, pues detrás de nuestra labor pastoral siempre está el Señor, que nunca nos deja solos, aunque nosotros no lo sintamos. Él siempre está con nosotros, y por eso, aunque las personas a quienes acompañamos pastoralmente no manifiesten con signos externos positivos el fruto de nuestra labor pastoral, no por ello debe caer nuestro fervor ni sentirnos fracasados.

  La oración nos ayuda a poner la mirada no en el hacer sino en el ser, no en los resultados sino en la siembra, no en nuestras fuerzas sino en el Señor. Y esto cambia el modo de enfocar nuestro trabajo pastoral y todo nuestro ser sacerdotes, en una perspectiva mucho más evangélica, “des-centrada” de nosotros mismos y “centrada” en el Señor. El camino para superar la soledad, la fatiga, el sentimiento de fracaso, la crisis de identidad… es pasar del egocentrismo” al “cristocentrismo”, Él tiene que ser el centro de nuestra vida, el centro de nuestro amor, el centro de todo nuestro trabajo y labor pastoral, el centro de nuestra evangelización.

  La oración, la de cada uno y la de intercesión por los demás, desde la íntima fraternidad sacramental, nos hará salir ese individualismo en el que muchas veces estamos centrados los curas y nos abrirá a sentirnos en comunión con los demás compañeros y agentes de pastoral puesto que estamos todos juntos en la misma labor evangelizadora.

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