Ramón Gascó, memoria i dissidència Per Paco Gramage - Revista Cresol

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Ramón Gascó:  memoria y disidencia  en la Iglesia Valenciana  

Paco Gramage

Ramón fué superior-formador en Seminario de Valencia (1955-1970) y desde 1965 Vicerrector del mismo, llegando a ser propuesto en votación democrática como rector, si bien no se concretó ese nombramiento. Pasó posteriormente a promover y dirigir la residensia “Fernando Cubells”, en plan de cooperativa para estudiantes universitarios, la mayoria de los cuales eran exseminaristas que encontraon en esta residencia un lugar de acogida inestimable. Licenciado en Teología en la Gregoriana de Roma, participó activamente en la enseñanza de la Religión en institutos de enseñanza media y colaboró activamente en un grupo que editó textos de religión en la línea renovadora del Concilio Vaticano II, con la participación de personas competentes como Blazquez-hoy presidente de la conferencia episcopal-, Antonio Duato, Manuel Molins,Francisco Ferrer, etc. A parte de estas tres actividades realizó otras tareas, pero me centraré en estas por su implicación y significado.

Formador en el Seminario de Valencia    
La figura de Ramón es clave para entender la Ha. de la diòcesis de Valencia, pues varias generaciones de sacerdotes, entre los cuales estan los obispos de Valencia y Alicante, pasaron por su orientación. Era el momento del Concilio Vaticano, en el que muchos vivimos unas experiencias decisivas en nuestras vidas y  no queremos olvidar las cosas que nos importan. Este reconocimiento tuvo en el libro “Memòria i Dissidència” un homenaje a su persona de muchos de sus discípulos, si bien este reconocimiento  se merecen todos aquellos que nos ayudaron a ser lo que somos.

Para nosotros Ramón no era superior, sino referente; no era el padre, sino el amigo; no era distante, sino cercano; no era autor, sino cómplice. Tal vez contaba para ello con una inestimable cualidad: sus encantadores y famosos “despistes”.

El impacto del Concilio produjo una toma de conciencia y una nueva sensibilización, de la cual participó Ramón, como refleja el que saliera elegido por el sector renovador como rector del Seminario. El Concilio planteaba de manera nueva coral y positiva nuevas formas de vivir los contenidos evangélicos, pero por algunas razones no se concretó: o camino único o salida.  Que la Iglesia, más preocupada en la disciplina y organización, no incorporara estos signos de los tiempos, la dejó sin fuerza para afrontar lo que hoy és la gran cuestión: el pluralismo religioso, la diversidad de civilizaciones, la pluralidad de formas de realización del sacerdocio; pero se impuso el camino único.

La Residencia Fernando Cubells
El mismo Ramón manifiesta lo que significó la iniciativa de la Residencia:” En un tiempo con hombres que habían pensado ser sacerdotes y que yo formé parte del gran equipo de formadores. Ahora, cuando muchos de ellos han cambiado de opción vital, y como personas maduras, buscan nuevo camino profesional y afectivo en la vida, es mi deber ponerme, con seriedad, a su lado y ofrecer mi ayuda en lo que pueda”.

Como dice Alfredo Dominguez, en Ramón ha habido una evolución que se entiende desde la coherencia; con la misma coherencia que participaba en los programas de formación del Seminario, como estuvo atento a los signos de los tiempos y a aquelos a los que educaba desde la estima, su biografía se retroalimentaba de lo que procuraba a quienes ayudaba a conseguir que vivieran mejor. Tuvo el mérito de abrir puertas y posibilitar que muchas aspiraciones pudiran llevarse adelante.. Y para todos nosotros era emocionante ver cómo el que fué nuestro formador en en Seminario estaba siendo nuestro acompañante en estos momentos.

La Residencia estaba llena de historias que no entendían la ruta única, historias que vivían otro concepto de fidelidad, que permite comprender que esta disidencia que vivíamos, por incomprensible que parezca a algunos, no siempre es fruto de la mala voluntad, sino fruto de una conciencia que hay que seguir. En palabras de Ramón: “Prefiero equivocarme por seguir mi conciencia que acertar por consigna”. Esta disidencia no se vivía como un acto de infidelidad, sino que se vivía como un acto de lealtad.

Formador de Religión en centros de enseñanza
En la transición democrática de España, tras la muerte del dictador y los textos de la Constitución y de los nuevos acuerdos Iglesia y Estado, se habrían caminos para que la cultura religiosa, sobre todo en el sistema de enseñanza media, entrara plenamente como factor educativo de las personas. Y esto se podía hacer por primera vez no solo en centros religiosos sino en los nuevos institutos públicos que proliferaron.

Sustituido el sistema de oposición para el acceso a la cátedra de religión por el nombramiento de los ordinarios, solo se podía poner el esfuerzo en la preparación de los profesores de religión, aportando formación e instrumentos en la línea de apertura que significó el Vaticano II. Y allí estuvo Ramón, con el mismo esfuerzo, cercanía y capacidad de iniciativa que habían destacado en sus anteriores compromisos. Y no solo se entregó a esta la tarea como profesor en los principales institutos de Valencia –Luis Vives y Benlliure– sino que trabajó con encontrar los contenidos y la metodología con que la asignatura podía presentarse con dignidad y fruto en esa tapa de la enseñanza media. Y en capacitar a profesores en este enfoque didáctico. Especialmente interesantes eran los cursillos anuales para profesores de religión que él organizaba en colaboración con la Delegación diocesana de Enseñanza dirigida por Vicente Torres.

Desgraciadamente con la contrarreforma del papa Wojtyla este movimiento de renovación pedagógica se vino abajo en Valencia y en toda España, volviendo profesores, seglares o curas, que impartían meras catequesis. Y lo que es peor. Cuando una persona como Ramón respondió con honradez a una situación vital que le imponía unir su vida a una mujer, fue obligado a dejar la enseñanza de la religión. Su vida, como siempre, era el mayor factor educativo. Y por ser honrado y responder al amor se le apartaba.

Y todo porque Ramón nunca se encerró en una vida privada, en una familia feliz o en un romanticismo religioso, sino porque acompañado de MariCarmen estuvo abierto a todas las relaciones que se le presentaban. Era emocionante constatar su presencia habitual en reuniones que periodicamente celebran las distintas promociones que pasaron por el Seminario: sacerdotes en activo, secularizados, exseminaristas...y todo porque como dice José Escorihuela: Ramón no imparte, comparte. No impone, ofrece. No sobresale, convive. No afirma casi nada, duda. No rompe, pega. No adula, dice la verdad. Ve el bien donde está y también el mal aunque esté escondido.

El funeral tuvo lugar en el Cementerio general de Valencia, el viernes 15 de marzo, con asistencia de muchos amigos y discípulos- compañeros del alma, compañero- que acompañaron a la família en un clima de intimidad que Ramón, a buen seguro, hubiera deseado y lejos de otros protocolos oficiales que nunca hubieran sido de su agrado.
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