Ramiro Reig Armero, por E. Serón - Revista Cresol

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Ramiro Reig Armero, por E. Serón

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Muere el padre Ramiro Reig Armero

Homilía del padre E. Serón en la misa exequial

  Queridos todos, queridos hermanos,  hermanos en la fe creyente y en el seguimiento de Jesús de Nazaret como nuestro padre Ramiro Reig;  hermanos otros  en el compromiso social y sindical. Hermanos todos,  reunidos en el recuerdo de Ramiro. A la luz de la parábola del juicio final que  acaba de leer Toni Catalá, un texto que fue muy querido por Ramiro, quiero hacer un recorrido de su vida, en primer lugar  de su itinerario externo, aunque tenga que alargarme un tiempo,  y luego en un acercamiento o aproximación también  de  su dimensión interna. Por supuesto, es una visión mía, personal, nacida de una relación cordial y fraterna con Ramiro.

Itinerario externo:
   El punto de partida nos lo da el lugar en que nos encontramos, el antiguo Colegio de San José, sus clases, esta Capilla. Porque podemos encontrar dos situaciones diferentes:

1ª)  En 1954 Ramiro termina el Pre-universitario,  y entra en el Noviciado de la Compañía de Jesús en RAYMAT (Lleida). Tenía  cumplidos los 18 años, una buena edad hace 60 años. En la Revista del Colegio  aparece su fotografía como Prefecto de la Congregación mariana.  

  8 años más tarde, 1962,  vuelve a este Colegio después de terminar sus estudios de Filosofía en SAN CUGAT (Barcelona) para hacer  3 años de enseñanza o Magisterio, 3 años a la sombra  del Concilio Vaticano II que se estaba celebrando en la Iglesia católica y que en España, al menos para unas minorías, abría perspectivas nuevas.

2ª) La segunda situación es bastante diferente. Al cabo de unos pocos años dedicados al estudio de la Teología y de su  ordenación sacerdotal, Ramiro vuelve a Valencia y, al cabo de poco más de un año,  es recluido en este Colegio durante un par de meses por el TOP (Tribunal de Orden Público) que lo había  condenado junto con otros, uno de ellos otro jesuita, por su vinculación sindical. Verdad es que el TOP en sus últimos tiempos no sabía qué hacer con dos religiosos condenados  y vio con buenos ojos que le quitaran  esa preocupación.

  Otro elemento de esta segunda situación es la fundación, también en este lugar y por ese tiempo, de la ESPO, Escuela Social de Promoción Obrera, de formación sindical, que fue motivo de bastantes problemas y muchas aclaraciones con las autoridades del tiempo.

  ¿Qué ha ocurrido en ese lapso de tiempo para ese cambio? El Vaticano II abrió unas grandes perspectivas eclesiales de salida y de compromiso, y una de las manifestaciones mayores fue la profundización de la idea del “prójimo”, de los otros, en la perspectiva de la fe. Es decir, del “prójimo” también como colectivo, como grupo, como pueblo.  Es una lectura de la parábola del juicio final con horizontes más amplios, colectivos y grupales.

  Manifestaciones: Uno de los primeros Sínodos eclesiales, institución nueva en la Iglesia, fue “El sacerdocio ministerial y la justicia en el mundo (1971). Y  en el Capítulo o Congregación General de los jesuitas (1974 y 1975) tuvo una gran importancia y muchas discusiones la relación entre la fe y la justicia.

  Al amparo teológico y eclesial de estos hechos, del Vaticano II, del Sínodo de toda la Iglesia y de la Congregación o Capítulo General de los jesuitas, en las Provincias jesuíticas de España fue creciendo un movimiento alrededor de lo que se llamó la Misión Obrera, (jesuitas en el mundo del trabajo manual) y también las comunidades llamadas de inserción en barrios.

  Ramiro está presente en todo este movimiento, es cura obrero algunos años (1971 a 1979), vive en las Comunidades nuevas de La Aguja, Montortal, Barona, etc. Es Consiliario de la Vanguardia Obrera Juvenil y de Comunidades cristianas en el trabajo, Asesor sindical de CC.OO. Y cuando experimenta que  el trabajo manual no es lo suyo, y que hay otras formas de manifestar y vivir el compromiso social, da clases en la Facultad de Económicas (1983) hasta su jubilación y  escribe libros  conocidos con esa misma orientación.

  Este recorrido exterior nos lleva a acercarnos y adentrarnos en su dimensión interior, aunque sea  por intuiciones y aproximaciones. El  origen de su itinerario interior no es  más que la profundización del doble mandamiento del amor del que nos hablan los Evangelios. La formulación como fe y justicia es más actual y es una manera de traducir  y profundizar ese doble mandamiento. La fe y la justicia se piden una a otra, se necesitan  una a otra, podemos decir. Y cuando se viven de una forma radical pueden dar lugar a situaciones que no es fácil entender. En el caso de Ramiro, da lugar a dos pertenencias o vinculaciones, la pertenencia a su vocación de jesuita, de seguidor y compañero de Jesús, y la vinculación a su compromiso social y sindical: una síntesis, difícil de lograr y de mantener, porque en estas síntesis no es fácil encontrar el punto  de equilibrio que nos gustaría, no existe tal punto.

  Éste va a ser un problema a lo largo de sus años de vida: algunos no entenderán que siga siendo jesuita y otros no entenderán sus vinculaciones políticas. Pues habrá personas que tirarán la toalla y se quedaran con una sola pertenencia o vinculación. Ramiro, a pesar de las dificultades que se le presentaban de cuando en cuando,  quiso demostrar que era posible armonizar tanto su vocación de jesuita  como  sus tareas sindicales. Siendo realista y desde el conocimiento de la vida de Ramiro, me parece que se puede decir que la Compañía de Jesús hizo siempre un esfuerzo por comprenderlo, sobre todo porque veía en él  una persona que  siempre pretendía  tender puentes y que veía la necesidad de mediaciones  y tiempos largos. Creo también que los últimos años de Ramiro han sido un intento grande  por manifestar más claramente su vinculación jesuita en los detalles ordinarios de su vida en la Compañía. Y  también que los 5 años del Papa Francisco (que también tuvo que rehacer  en su vida su síntesis de fe y justicia) han sido para él  un tiempo de gozo y de primavera eclesial.

  La liturgia del tiempo de Pascua que hemos vivido nos habla de una palabra nueva que tiene que caracterizar a los seguidores de Jesús de Nazaret, la palabra testigo. Se repite en la vida de los primeros seguidores de Jesús en el libro de los Hechos, la viven, respondiendo a la afirmación de Jesús: “Seréis mis testigos”. Pero el testigo evangélico es no solo  el que dice una cosa, sino que sobre todo la dice porque la vive.  Por eso, los testigos no siempre son comprendidos, pues pueden crear problemas y plantean interrogantes. Gracias a Dios hay muchas clases de testigos y pienso que Ramiro ha sido un buen testigo, discutible en algunas cosas, ¿por qué no?, e imitable en otras muchas. Todos somos llamados a ser testigos;  pero tendremos que reflexionar (“discernir”, diría san Ignacio) el modo concreto de traducirlo en nuestra vida y situaciones.

  Quiero  terminar, volviendo a la parábola inicial, con una reflexión que recojo del Papa Francisco. En su última carta apostólica, de hace un par de meses, Gaudete et Exsultate (Alegraos y regocijaos), que recomiendo leer porque es sencilla, pequeña,  y abre muchas perspectivas: La santidad en el mundo actual, propone la santidad  no de  santos lejanos y poco imitables, sino como dice él, “la santidad del vecino de al lado”, de la madre de familia, del vecino,  de cualquiera, Tiene un capítulo central que titula “a la luz del Maestro”. Y en ese capítulo propone 2 textos evangélicos. El primero, las Bienaventuranzas, a las que enuncia  como “a contracorriente” y  en segundo lugar el texto que hemos leído en el Evangelio, “ la parábola del juicio final” que define de manera llamativa como “el gran protocolo”, resumen algo genial!. “Venid, benditos de mi Padre…” Podemos convertir esta llamada y esta parábola como el buen recuerdo que guardaremos de Ramiro y la herencia que recibimos de él para nuestra vida.     

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