Preguntas para Montserrat Escribano-Cárcel, teóloga y filósofa - Revista Cresol

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El papel de las mujeres en las religiones, las limitaciones que éstas han impuesto al género femenino para un desarrollo en igualdad con los hombres, si las religiones están dominadas por el patriarcado o si se puede compaginar ser feminista y creyente, fueron algunas de las cuestiones abordadas en el debate que se celebró el día 5 de junio de 2019 en el marco del ciclo 'La Nau de la igualdad' en el Paraninfo de la Universitat de València. ¿Es compatible el feminismo con las religiones? Participaron Montserrat Escribano, teóloga y filósofa; Mimunt Hamido, coordinadora de la iniciativa 'No nos taparán'; Meriam Barouni, portavoz del Centro Islámico de València; y Raquel Ortiz, coordinadora de València Laica.

“ Debemos seguir argumentando nuestras posiciones y así avanzar en el debate común”
Preguntas para Montserrat Escribano-Cárcel, teóloga y filósofa

- Montserrat, enhorabuena por su participación en esta mesa de Debats de La Nau. Aunque me pareció que le resultaba muy difícil mantener algunas de sus posiciones y hacerse entender, ¿cómo se sintió?
Poder participar en un diálogo en el Paraninfo de La Nau ha sido una gran ocasión importante y necesaria. Importante, porque estamos ante dos temas de máxima relevancia política, las religiones y el feminismo. La combinación de ambas no siempre resulta evidente y entre ellas se da siempre una «tensión» que nos invita a buscar un cierto equilibrio. El feminismo le ha venido siempre muy bien a las religiones. El resultado ha sido que se han ensanchado sus límites, se han transformado ciertas miradas misóginas, ha permitido señalar violencias y ha abierto caminos hacia una mayor justicia social. Con estas herramientas académicas, las religiones pueden provocar espacios donde la vida sea más vivible. Por ello, es necesario que este debate se dé en un espacio reflexivo apropiado como es la universidad pública. Debemos seguir argumentando nuestras posiciones y así avanzar en el debate común. Considero que en los tiempos que atravesamos no es posible dejar de lado estas cuestiones.   

- Brevemente, para usted: ¿De qué forma es compatible el feminismo con las religiones?
Las religiones, al menos las llamadas abrahámicas –judía, cristiana y musulmana–, siempre han sido feministas si consideramos que fueron caminos de liberación y de justicia para todas las personas. Las mujeres cristianas se sintieron atraídas desde el principio por la propuesta de vida que el Dios trinitario mostraba, a través de la vida de Jesús de Nazaret. Siempre formaron parte de las comunidades de iguales que surgieron en los primeros siglos del cristianismo. Ellas crearon sistemas de vida marcados por el compromiso con las necesidades de las personas desfavorecidas, marginales o invisibilizadas. Esta orientación ética y espiritual fue para muchas una cosmovisión que reclamaba, continuamente, cambios sociales, culturales y económicos. La solicitud y las trasformaciones provocadas por el evangelio provocaron modos nuevos de atención a las pobrezas y vulnerabilidades en cada cultura, pero también una concienciación personal creciente hacia cualquier forma de sumisión, silenciamiento, abuso o violencia. Cualquiera de estas situaciones injustas fueron padecidas por ellas y soportadas en sus cuerpos. A través de sistemas simbólicos, metáforas, retóricas y estrategias patriarcales se perpetuó el poder masculino. El resultado fue un complejo sistema de relaciones personales, culturales y religiosas asimétricas donde la inequidad minó siempre las posibilidades de relación entre semejantes. Las mujeres creyentes señalaron, evidenciaron y apuntaron siempre aquellas situaciones que estrechaban sus posibilidades físicas y existenciales. Sus prácticas y conocimientos dieron paso, desde los inicios del cristianismo, a lo que podríamos llamar un pre-feminismo y que ya a partir del siglo XVII brotaría con determinación. Así, desde la Ilustración, las creencias, la fe de muchas mujeres y su fuerza profética gestaron muchos de los cambios sociales, políticos y religiosos más decisivos.

El feminismo no es un pensamiento huérfano, tiene una genealogía y en ellas las religiones han tenido y tienen mucho que ver, gracias a su empuje profético y espiritual. En el caso de las religiones abrahámicas, por ejemplo, su lenguaje resulta inspirador y consigue movilizar conciencias. La lectura creyente y no creyente de los evangelios ofrece propuestas de vida felicitante y de sentido. Además, ejerce un atractivo que moviliza nuestros deseos éticos frente a tanta injusticia padecida. Por ello, considero que el feminismo está fuertemente ligado a las creencias religiosas y comparten raíces. Otra cuestión es ver cómo hemos trazado a lo largo de la historia la relación tensional que necesariamente debe darse entre ellas y cómo debemos erradicar lecturas, metodologías o retóricas patriarcales que impregnan el conocimiento, debilitan el pensamiento, pero aún más, que matan a las personas, especialmente, a las del sexo femenino.   

- Mucha gente en este debate, y con muchas palabras pedidas, participando hasta muy tarde… ¿A qué tipo de ciudadanos/as siguen interesando algunos de los temas relacionados con la religión?  
Más arriba me preguntabas cómo me había sentido. Una de las cosas que más me sorprendió fue la cantidad de personas que deseaban intervenir en el debate y que se alargó durante unas tres horas. Es muestra del interés que suscita. Además, prueba que es errónea la afirmación de que el estudio académico de las religiones, las creencias religiosas, las espiritualidades o el propio ámbito teológico deberían estar fuera de la universidad y de la escuela públicas. Creo que se trata de un grave error que empobrece el conocimiento en su conjunto.
Vamos cayendo en la cuenta, quizá demasiado lentamente, de que tenemos la responsabilidad de crear un pensamiento transdisciplinar en torno a estas cuestiones que son religiosas, pero también son antropológicas, lingüísticas, neurocientíficas, económicas y políticas. Debemos ofrecer un pensamiento crítico para aclarar conceptos claves sobre los que poder discutir. Me refiero a términos como religión, espiritualidad, mística, laicidad, género o patriarcado y que deben ser actualizados y comprendidos por la relevancia que tienen en la vida, pública y privada, de muchas personas. Conocer críticamente estas cuestiones y elaborar pensamiento nos permitirá tener una sociedad cordialmente más ética y fortalecerá, sin duda, nuestros marcos democráticos. Es una tarea interdisciplinar que la universidad tiene aún pendiente.
El debate ofrecido en La Nau fue un primer paso y evidenció la respuesta social que tiene. Espacios como estos, organizado por la Unitat d’Igualtat, dan pistas sobre los temas que preocupan a la ciudadanía, así que hay que atenderlos. Somos muchas las personas que aún consideramos que la universidad es un entorno propicio para acercar este conocimiento y hacerlo más democrático y participativo.   

- A mí me pareció que la “ideologización feminista” era palpable en la sala con el pretendido igualitarismo, y que era difícil postular desde la serenidad un pensamiento crítico. ¿Coincide?
Un debate es un paso primero, aunque es un espacio limitado para aclarar todas las cuestiones que asoman a lo largo de la discusión. En estos momentos, nuestras democracias necesitan de personas que postulen con determinación la igualdad, entendida no como igualitarismo, sino como garantía de nuestras diferencias y diversidades, solo así la justicia puede materializarse en un Estado de derecho.
Aún así, siempre debemos ir más lejos, buscar cuáles son las posibles formas de inequidad y de injusticia que se dan entre nosotros. Las religiones no buscan solo la justicia, sino que ofrecen, como señala la filósofa Adela Cortina, un proyecto de máximos. Estos proyectos, que rozan la utopía, nos señalan un futuro posible que puede ser alcanzado si entre todas sumamos. Como se dijo durante la discusión, el objetivo no es la erradicación ni del feminismo ni de las religiones, sino del patriarcado.  

- ¿Cómo hay que luchar contra la polarización social que generan ciertos feminismos, impulsando leyes que están dividiendo la sociedad?
El feminismo es una teoría política, un modo de pensamiento creativo, vivo y encarnado. Tiene ya una larga pre-historia y una historia muy dilatada a pesar de que aún no ha sido reconocida en toda su amplitud. El pensamiento feminista ha logrado que tengamos sociedades más democráticas donde la vida, especialmente de las descartadas, no reconocidas e invisibilizadas tienen la posibilidad de reclamar derechos y una protección social. Es cierto que todo esto es aún muy débil. Pero también es cierto que en los ámbitos donde el feminismo y las herramientas de pensamiento como el género han sido aplicados los resultados y las mejoras resultan incontestables. Por ejemplo, en el ámbito de la economía, el derecho, la medicina, la teología o el derecho. Estoy convencida de que el feminismo junto con las religiones tiene por delante un ancho y apasionante camino que recorrer para deshacer este sistema necropolítico en que parece que nos hemos instalado y que el papa Francisco denomina “cultura del descarte”.
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