Preguntas a Moisés Mato, Director y pedagogo teatral - Revista Cresol

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MOISÉS MATO
DIRECTOR Y PEDAGOGO TEATRAL
“Creo que estamos inmersos en debates que no tocan el fondo del problema”

- ¿Qué opinión le merecen este tipo de campañas en defensa de la libertad de educación?
Creo que es fundamental la implicación de las familias en la educación de los hijos. Las familias deben de ser protagonistas en la educación de los hijos. Eso supone generar un debate de fondo sobre lo que está suponiendo la educación en este momento. Creo que estamos inmersos en debates que no tocan el fondo del problema. Se habla de educación pública contraponiéndola a una educación con valores cristianos. Es una contraposición falsa. El problema es que la traducción de educación pública en la práctica es una educación estatal. La historia de los años de democracia en España ya ha evidenciado la fragilidad de esta propuesta. Ningún partido, al llegar al poder, se ha resistido a intentar su reforma educativa desde su peculiar forma de entender lo público. A la vista de esa experiencia es fácil concluir que lo público va mucho más allá de lo estatal. Una educación pública supone la implicación real de familias, supone abrir un abanico de posibilidades educativas, supone replantear la forma en cómo se hacen los planes educativos y en definitiva superar la excesiva injerencia de los partidos políticos en su diseño. Una educación realmente pública puede acoger propuestas educativas de clara inspiración cristiana. Una educación pública debe ser protagonizada por las familias y los valores en los que esta se sustenta. El verdadero peligro es dejar en manos de los intereses de los partidos políticos y de sus provechos la educación de nuestros hijos. La familia es la que puede y debe de resistirse asumiendo su protagonismo político.

- Una campaña preocupada por el futuro educativo de los niños y jóvenes, en la línea del concilio Vaticano II, ¿qué ha de enfatizar?
El documento del Vaticano II que entra en el tema educativo de forma exclusiva es Gravissimun educationis (GE), pero es importante no aislarlo de los demás documentos del Concilio. Es necesario entender el Vaticano II como una unidad y sus propuestas de forma convergente. La propuesta de una formación integral que plantea la GE confluye con la propuesta de trabajar por la fraternidad universal que plantea la Gaudium et Spes. La educación integral adquiere su máxima justificación en el objetivo de transformar la humanidad. Los valores y la impronta de la fe tie-
nen un horizonte de justicia social. Una propuesta educativa plural puede converger perfectamente en ese horizonte. Intuyo que desde ahí el debate educativo puede producirse con relativa armonía. Se trata de que la educación construya personas íntegras, no individuos. Se trata de formar en libertad y responsabilidad partiendo de que toda responsabilidad es libre y toda libertad es responsable. La Iglesia plantea una orientación clara que, bien entendida, sólo puede molestar a los que tengan intereses ideológicos, se muevan por sectarismo o tengan una confianza desmemoriada en eso que llamamos público.

- ¿Necesitamos caer en la cuenta que, al tratar el tema de la educación, la Iglesia no ha de centrarse únicamente en la educación católica?
La Iglesia está planteando de forma insistente que los laicos, que somos la mayoría de la Iglesia debemos de comprometernos en la transformación de la realidad. El riesgo de todos, creyentes o no creyentes, es insistir en una educación católica unos y en una educación laica otros. En ese debate se van las fuerzas y lo cierto es que el mundo está ardiendo y no está claro que estemos educando a nuestros hijos para transformar el mundo. La intuición de Freire y de Milani de que la educación es política, orienta a esta a posibilitar la búsqueda del bien común. Ese es el debate real. Educamos para construir un mundo más justo o nos agotamos en debates estériles para comprobar que, a la postre, unos y otros podemos estar preparando a nuestros hijos para sostener este sistema perverso en vez
de para cambiarlo.

- ¿Habría que subrayar la alegría por la existencia de escuelas católicas a las que acuden alumnos de otras confesiones?
La pluralidad y el diálogo creativo a partir de esa pluralidad pueden ser el caldo de cultivo de una nueva cultura. Es uno de los signos de los tiempos que ofrecen posibilidades que la educación debería exprimir al máximo. Posiblemente, si los adultos no estorbamos demasiado, nuestros jóvenes serán capaces de dialogar sin el peso de los prejuicios y sectarismos que arrastramos las generaciones anteriores. Entre ateos y creyentes, entre diferentes confesiones y entre diferentes cosmovisiones, el diálogo es no sólo una oportunidad sino una exigencia educativa. Intuyo que también una fuente de libertad y conocimiento.

- ¿En su opinión, qué es lo que no puede faltar, lógicamente, en este tipo de movilizaciones?
Sin lugar a dudas, propuestas concretas protagonizadas por las mismas personas que se movilizan. En este terreno se pueden ensayar pequeñas experiencias donde las comunidades educativas sean realmente operativas. Hay que preguntarse: ¿Los padres pueden implicarse activamente en la escuela? ¿Pueden proponer otras experiencias? ¿Los colegios pueden estar abiertos por las tardes y fines de semana autogestionados por padres?…

- ¿Cómo promover más y mejor en la educación católica, la educación de la libertad y en la libertad?
Milani planteó que la verdadera pregunta del educador no es preguntarse por las cosas que debe hacer sino preguntarse por cómo debe ser. Milani ponía el acento en el ser del educador. Si es un educador libre transmitirá pasión por la libertad. Es momento, una vez más, de intentar ser las personas que encarnen los ideales que planteamos. Afortunadamente, las personas nos contagiamos de los ejemplos, no de los discursos.

- ¿Cómo actualizar la llamada conciliar a la tolerancia y a la integración en las aulas de alumnos de “diversa índole y condición” (Gravissimum educationis, 5), procurando el acercamiento y la comprensión mutua?
La dignidad de la persona, en la práctica está en cuestión, en la sociedad actual. La filosofía dominante relativista e individualista, necesita contrapeso de una filosofía personalista, mucho más cercana al corazón de los seres humanos. Una vez más hay que entender que la diversidad es una oportunidad, una provocación para una educación integral, para comenzar a iluminar el proyecto de una sociedad nueva basada en el bien común.

- La Iglesia siempre reconoce a los padres y madres de familia como los principales educadores. ¿Cuál es el papel que han de jugar hoy los padres en la verdadera educación cristiana?
Los padres, como protagonistas imprescindibles de la educación de nuestros hijos debemos comprender que nos necesitamos unos a otros para educar a nuestros propios hijos. Que la educación es una tarea colectiva e integral. El que nos asociemos para educar ya es una lección educativa, el que lo hagamos asumiendo un compromiso social ya es una tarea educativa, el que nos empeñemos en defender a los más desfavorecidos, ya es una tarea educativa. Educar en el siglo XXI desde esas premisas es también la oportunidad de educarnos a nosotros y formarnos como familias que pueden responder al momento actual.

- ¿Cómo reconocer que el estado es sólo el garante de la educación y en ningún momento puede quitar ese derecho a los padres?
Hay que evitar a toda costa una visión paternalista del estado. Trabajar para que haya más sociedad y menos estado. Eso es realmente trabajar para que haya más democracia.

- ¿Qué necesitan escuchar hoy los profesionales de la educación, cristianos o no, que dedican su vida a la hermosa tarea de educar?
Una de mis tareas más intensas es trabajar en la formación del profesorado. Es una tarea compleja pero apasionante. Los cursos que suelo impartir pivotan sobre la escucha, la creatividad y el diálogo. Son las tres claves que pueden activar la vocación de cualquier educador. Vocación que es imprescindible cuidar para aventurarse en el proyecto que aquí intento dibujar. Hay que dedicar tiempo a esas tres ideas y desarrollarlas transversalmente en nuestra tarea cotidiana. Esa es mi colaboración más concreta. Y el tiempo y los numerosos encuentros me reafirman en las enormes posibilidades que se abren. Lógicamente hay resistencias. Unas provienen de las propias personas y otras de las estructuras educativas que ahogan esas posibilidades. Pero es un camino viable para todo aquel que honestamente se plantee contribuir a una educación integral y acorde con el mundo al que vamos.
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