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Movimientos, por J. M. Marhuenda

Sumari > ANÀLISI: MISSIÓ A EUROPA
Movimientos que potencien la comunidad parroquial

José Manuel Marhuenda Salazar

Nos encontramos, en nuestra Diócesis, en el Proceso de Reencuentro Sacerdotal y estamos reflexionando sobre la necesidad de pasar a la Pastoral de misión ya que nos cuesta mucho salir de la Pastoral de cristiandad.

También, de un tiempo a esta parte, hay un gran auge de Movimientos y actividades en los que se están poniendo todas las esperanzas y expectativas creyéndose que con ellos se va a facilitar este paso.

Bien es verdad que el “protagonismo” en la misión evangelizadora de este nuevo milenio está en el laicado, y se ve la necesidad de crear estructuras que lo faciliten, pue la estructura eminentemente clerical que teníamos, y que aún tenemos, no facilita, para nada, la Pastoral de misión.

Pero si estos Movimiento se encierran en sí mismos, y quienes participan en ellos no se implican en las Parroquias y en la Diócesis, de nada nos servirán para crear Comunidades Parroquiales vivas y misioneras.

De esta situación ya tenemos experiencia en la Iglesia, pues lamentablemente podemos ver que cuando los jóvenes dejan los Colegios Religiosos, la mayoría no se integran en las Comunidades Parroquiales, dejan el Colegio, y triste y lamentablemente, dejan también la Iglesia, porque no se les ha formado religiosamente en clave parroquial, en clave diocesana. Y tristemente es lo que también ocurre cuando se trabaja en los Movimientos con estos mismos planteamientos, centrándose sobre todo en “su” vida, en “su” dinámica: cuando los jóvenes o las personas dejan el Movimiento, como no se les ha educado en una verdadera eclesialidad, abriéndoles a la vida parroquial y diocesana, al dejar el Movimiento, muchos dejan la Iglesia, pues no ven más allá, no han descubierto su identidad cristiana “global”, al haberse educado sólo en la identidad al Movimiento.

Esto es lo contrario a lo que se hace en la pastoral de misión. Al hablar de “Pastoral de Conjunto”, de “Unidades Pastorales”… no nos referimos simplemente a una distribución de tareas. Lo que subyace es la corresponsabilidad y el trabajo pastoral conjunto de los laicos, de las personas consagradas y los curas de una determinada demarcación. Y evidentemente el “protagonismo” evangelizador no recae en los curas, sino en todos los miembros de la Iglesia en esa zona, más allá de su vocación o espiritualidad específica.

En varias ocasiones, cuando en nuestra diócesis se habla de ello, de “Pastoral de Conjunto”, de “Unidades Pastorales”… se está haciendo referencia a una estructura donde la figura central es el cura, que suele ser un párroco, rodeado de un grupo de vicarios, que se distribuyen las tareas a realizar pero sin apenas mencionar ni a las personas consagradas ni a los laicos. Y así difícilmente hoy podremos pasar de la Pastoral de cristiandad a la Pastoral de misión, por no decir imposible.

Por eso, si los Movimientos no son capaces de potenciar, desde sus carismas, a la Comunidad Parroquial y en su caso a la Unidad Pastoral, si cada uno sólo mira “sus” intereses y por enriquecer y aumentar el número de “sus” miembros, no avanzaremos en la Nueva Evangelización, pues la pluralidad de carismas no es para rivalizar entre nosotros y menos aún creerse superiores a los demás, los mejores y los más auténticos, sino para ayudar a todo el Cuerpo que es la Iglesia en la misma y única misión evangelizadora, para que las personas se encuentren con Cristo Resucitado.

Y si los párrocos, algunos incluso que van saliendo de estos Movimientos, sólo atienden y acompañan a ese determinado “carisma” y se van desentendiendo de acompañar a todos los carismas y realidades que hay en las parroquias a las que son enviados, nunca podremos avanzar en la unidad a la que nos llama el Señor; “Padre que todos sean uno” (Jn 17, 21), unas palabras que solemos referir a la unidad de las diferentes iglesias cristianas, pero no las solemos aplicar dentro de la Iglesia Católica. Y ese mal testimonio que damos nos lo suelen echar en cara gente que no se considera cristiana y que ve esa división como un obstáculo para incorporarse en la Comunidad de la Iglesia.

Resultaría muy conveniente para todos tener presentes las palabras de San Pablo en el capítulo 12 de la primera carta a los Corintios (cfr. 4-27): Y hay diversidad de carismas, pero un mismo Espíritu; hay diversidad de ministerios, pero un mismo Señor; y hay diversidad de actuaciones, pero un mismo Dios que obra todo en todos. Pero a cada cual se le otorga la manifestación del Espíritu para el bien común. Pues, lo mismo que el cuerpo es uno y tiene muchos miembros, y todos los miembros del cuerpo, a pesar de ser muchos, son un solo cuerpo, así es también Cristo. Pues el cuerpo no lo forma un solo miembro, sino muchos. Sin embargo, aunque es cierto que los miembros son muchos, el cuerpo es uno solo. El ojo no puede decir a la mano: «No te necesito»; y la cabeza no puede decir a los pies: «No os necesito»… para que así no haya división en el cuerpo sino que más bien todos los miembros se preocupen por igual unos de otros. Pues bien, vosotros sois el cuerpo de Cristo, y cada uno es un miembro.
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