MISSIÓ EN POBRESA - Revista Cresol

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MISSIÓ EN POBRESA

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“No se puede evangelizar sino en pobreza”

Entrevista al padre Pedro Trigo, sacerdote jesuita, de origen español, nacionalizado venezolano. Actualmente es profesor de Teología y Filosofía latinoamericana en Caracas

- En el anterior número de CRESOL (julio-agosto 2018), cuyo tema del mes apostaba por un “liderazgo significativo”, en el editorial invitábamos a los lectores a leer durante el verano su libro Jesús, nuestro hermano, edic. Sal Terrae. Brevemente, ¿Cuál es la visión que acompaña este libro?
La de una humanidad llamada a convertirse en una familia de pueblos, la familia de las hijas e hijos de Dios en torno a Jesús, el Hermano universal, un ser tan humano, como sólo el Hijo de Dios puede serlo. Sólo encarnando esa humanidad, con la fuerza de su Espíritu derramado en todos los seres humanos, podremos vencer la fascinación por las mercancías y el miedo de fondo que nos inculcan los amos de este mundo. Para mí Jesús es la mayor buena nueva posible y por eso escribo porque “de la abundancia del corazón habla la boca”. Yo no comulgo con la dirección dominante de esta figura histórica porque me parece que es deshumanizadora. Vivo en este horizonte que instaura Jesús y como me da vida y sentido, lo quiero proponer como un acto de solidaridad, para ayudar a que otros descubran esa alternativa superadora.

- ¡Un libro para un liderazgo encarnado en la realidad! ¿Qué tres ideas destacaría?
Más bien, un libro para que todos desarrollemos al máximo nuestras potencialidades y establezcamos la reciprocidad de dones como alternativa al intercambio desigual. La verdad, que no escribo para líderes sino lo que anhelo es que todos lleguemos a desarrollarnos al máximo y lleguemos a dar de nosotros mismos, porque, como dice Jesús, hay más alegría en dar que en recibir. En lo que estamos completamente de acuerdo es que tenemos que estar encarnados en la realidad. El orden establecido no quiere medirse por la realidad, no quiere meterse dentro ni menos establecer relaciones horizontales y abiertas. Para él es fundamental estar arriba y descargarse en los de abajo. Para un cristiano es irrenunciable ser honrado con la realidad. Jesús lo fue en grado extremo, y así le fue: lo sacaron del medio perentoriamente; pero su vida ha sido la más fecunda de la historia.
La primera idea que deseo destacar es que la clave de la vida de Jesús es el bautismo: Jesús pide perdón en primera persona de plural porque nos lleva a todos en su corazón. Él se adelanta a cargar con nosotros haciéndose nuestro Hermano; por eso puede pedir perdón en primera persona de plural con más dolor que todos los penitentes de la historia. Al subir del río vio que el cielo se abría, vio que su Padre nos había perdonado y que había aceptado que fuéramos hijos en el Hijo. En adelante se dedicó a que este acontecimiento decisivo se hiciera realidad para todo el pueblo personalizadamente.
La segunda idea es que Jesús no nos sustituye: estimula la fe que salva, para que la salvación, que se inicia al llevarnos en su corazón, salga también del salvado. La salvación, como es humana porque es divina, tiene la forma de la alianza: para que se dé una alianza se necesitan dos sís; no basta el sí de Jesús y de Dios, se necesita también el sí de cada uno. Dios no es populista que sólo sabe de relaciones clientelares, ni un bienhechor que da desde arriba en relaciones verticales y unidireccionales. Dios, como es amor, sólo sabe dar horizontalmente, no sólo respetando la libertad sino estimulándola para que la relación sea mutua.
La tercera idea es la concreción de lo dicho: Jesús no tiene casa, cuando hasta las fieras tienen madrigueras y las aves nidos. Él vive en el camino. Y puede vivir sin angustia y sin impresión de desarraigo esta falta de querencia porque su querencia son las relaciones: él se da completamente, pero también recibe todo, así va instaurando la reciprocidad de dones: el reinado de Dios. Él nos ha enseñado con su vida y su palabra que el que se pone en manos de Dios se pone en manos del que se pone en manos de Dios. Jesús comunicaba la buena nueva de que en él Dios nos hacía sus hijos; el que aceptaba este don supremo se quedaba tan contento que ofrecía a Jesús su casa o compartía con él su comida. De este modo instauró la reciprocidad de dones como alternativa superadora al do ut des romano que sigue dando la pauta en el orden establecido; un modo de relación en el que cada quien busca su propio provecho.
Esta primacía de la relación personalizadora es la novedad no asimilada que nos aporta Jesús. Occidente es heredero de Grecia y por eso para alguien moldeado por esta cultura lo que más realidad tiene es la sustancia; la relación no es más que un accidente. Esto no lo puede aceptar un cristiano consiente y consecuente. Hasta santo Tomás, que valoraba tanto a Aristóteles, expresa que “las personas divinas son relaciones subsistentes”. Es decir, que no es que existan el Padre, el Hijo y el Espíritu y se relacionen. Eso sería triteísmo. Lo que existe es la relación, que a la vez diferencia (tres personas distintas) y une (un solo Dios verdadero).  Quien se defina como individuo que se relaciona sólo con quien quiere, para lo que quiere y mientras lo quiera, no es persona en lo que de él depende. Lo es en cuanto que Dios y Jesús se relacionan personalmente con él y tal vez también sus padres y otros que lo quieran bien. Pero mientras él no corresponda no acaba de serlo. Si predicáramos esto y lo viviéramos, este mundo sería muy distinto. Aunque gracias a Dios, no poca gente lo vive, aunque no lleve la voz cantante.

- Este número está dedicado a La misión hoy. ¿Por dónde anda su reflexión en torno a los nuevos enfoques teológicos latinoamericanos?
Creo que la novedad de la Teología de la Liberación, que todavía tiene que seguir abriéndose paso, incluso entre quienes la siguen, consiste en pasar de poner el mayor esfuerzo en el cambio estructural desde la política, tal como se practicó desde mediados de los sesenta a mediados de los noventa, a ponerlo, como la base de todo, en el empeño de vivir humanamente cuando no hay condiciones de vida, en vivir la polifonía de la vida cuando se nos pretende encerrar en el circuito producción-consumo, en vivir en relaciones horizontales y abiertas cuando se nos insta a asumirnos como individuos. Sólo desde ahí podrá sanearse la política y podrá instaurarse el bien común como el resultado de poner cada uno sus haberes para que se constituya el cuerpo social.

- En la obra citada Ud. dedica un capítulo a la misión prepascual, y expone sobre la “continuidad fundamental entre la misión prepascual y pospascual…”. ¿Cuál es para Ud. el objetivo de fondo de la misión?
Poner en el horizonte cotidiano la fraternidad de las hijas e hijos de Dios desde la confianza fontal en nuestro Padre Dios, que nos permite no gastar energías en preocuparnos para emplearlas todas en ocuparnos en construir esta sociedad fraterna, asumiendo la innovación tecnológica para que haya vida para todos cuidando la casa común.
Como insistió Jesús al enviar a sus discípulos, este objetivo requiere unos medios específicos, sin los cuales lo que se dice con palabras se desdice con la vida. Jesús no es un iluso; ante todo nos advierte que nos envía como ovejas en medio de lobos. Sabe que en esta sociedad rige lo que formuló Hobbes, tomándolo de los clásicos: el hombre es lobo para el hombre. Pues bien, nosotros tenemos que ser ovejas. Tenemos que ir en son de paz, llevando la paz en nuestro corazón y dándola siempre, aun a los que no la quieran recibir. En términos de Pablo, tenemos que vencer al mal a fuerza de bien. Ésta es nuestra fuerza específica. Que es la única fuerza constructiva, aunque a los establecidos les parezca debilidad.
No se puede evangelizar sino en pobreza; en caso contrario, la gente no sabe a qué atenerse. En efecto, si el mensaje es que no sólo de pan vive el ser humano, que podemos vivir de la relación con Dios, que él nos da vida, y eso lo decimos estando instalados en el orden establecido, el que escucha puede argüir ¿cómo puedo saber que usted vive de fe y no de tantas seguridades como tiene? Por eso cuando Jesús decía que no nos preocupáramos porque Dios sabe nuestras necesidades, la gente veía que era verdad lo que decía porque no tenía dónde reclinar la cabeza y vivía en paz y en plenitud dando de su pobreza.

Jesús nos pide también que vayamos de dos en dos porque sólo una fraternidad puede proponer fehacientemente la fraternidad de las hijas e hijos de Dios. Por eso él lo primero que hizo después de bautizarse fue llamar a otros a su compañía. Ese grupo de discípulos fue el embrión de esa humanidad fraterna que él vino a instaurar, que es la que propone realmente la misión, cuando es en verdad cristiana.

- Por aquí, en Europa, seguimos demasiado perplejos. ¿Qué tenemos que hacer en nuestra época y en nuestra cultura, ahora, y aquí?
Es muy sencillo y llena toda la vida: vivir como Jesús en su seguimiento participando de su vida y misión. Naturalmente que eso es imposible: nosotros seguimos siendo siempre pecadores necesitados de salvación. Pero para hacerlo posible Jesús nos entregó su Espíritu; lo entregó “sobre toda carne”. Él nos posibilita vivir la ecuación del seguimiento, que consiste en vivir en nuestra situación de modo equivalente a como Jesús vivió en la suya. No podemos imitar a Jesús porque esa existencia sería inauténtica y porque, además, como las situaciones son distintas, nos piden una fidelidad creativa o una creatividad fiel. Para seguirle necesitamos conocer cómo vivió Jesús en su situación. Para eso no sirve la doctrina ni las prescripciones ni los ritos, es imprescindible la contemplación asidua de los evangelios. Pero tampoco bastan, es también necesario conocer a fondo nuestra situación. Si no la conozco desde dentro, desde la encarnación solidaria, no es posible establecer la ecuación del seguimiento.
Esta es la existencia que no podemos no vivir, si nos hemos encontrado con Jesús como buena nueva y además es la existencia más fecunda.

- La ”Parresía” y la pasión por la misión se destaca en el conjunto de sus más de 50 libros y numerosos artículos publicados con impacto internacional. Personalmente, ¿cómo lo vive?
Le respondo concretamente especificando cuáles son las fuentes concretas de este libro, que expresan mi postura vital. Ante todo, este libro brotan concretamente de la contemplación diaria de Jesús en los evangelios desde hace bastantes décadas, una contemplación “como si me hallara presente” en la escena que contemplo, como pide san Ignacio que lo haga el ejercitante. Es decir, deseando contemplarlo realmente a él y no imaginar lo que yo deseo.
Con la misma relevancia y con el mismo método, brota de la lectura orante comunitaria de los evangelios en grupos populares. Primero nos trasladamos a ese lugar y a ese tiempo por la fusión de horizontes que posibilita la Tradición, y después de ver el acontecimiento, regresamos a nuestras coordenadas y nos preguntamos qué nos ha querido decir el Señor en esa contemplación. Ese ejercicio nos hace crecer mucho y nos hermana; pero eso sucede porque se hace presente la alteridad, que es Jesús en ese pasaje concreto.
La tercera fuente son las clases de Cristología Bíblica que doy desde hace tres décadas en la facultad de teología de la Universidad Católica que tenemos los jesuitas en Caracas. El método es dialógico porque asumo que los alumnos son cristianos como yo. Por eso en la primera media hora de las dos horas y cuarto que dura la clase ellos exponen sus dificultades de comprensión y lo que les resuena, les disuena y no les suena de lo que han leído, y a continuación yo doy el tema respondiendo a sus cuestiones.
Tendría que añadir que desde hace 45 años pertenezco a un Centro de Investigación y Acción Social que los jesuitas tenemos en Venezuela y esa pertenencia es para mí imprescindible como correlato de mi quehacer teológico, para que la teología no sea intrateológica: recodificar lo codificado, leer libros y artículos para producir más lecturas a partir de lo leído, sino que sea una teología de la realidad.

- No es fácil lo que se está viviendo en Venezuela. ¿Cómo articula la iglesia jerárquica su profundo compromiso social cristiano en favor de los más pobres?
Hay de todo, pero lo que da el tono son obispos y curas (tal vez, desgraciadamente, una minoría) que, como dice el papa Francisco, huelen a oveja. Éstos son los que hablan con autoridad porque lo hacen desde la solidaridad con el pueblo y más todavía el acompañamiento cercano. Son muchas las parroquias y otros lugares que dan comida con gran sacrificio y cercanía; otras redes consiguen medicinas y salvan no pocas vidas. Pero lo valioso es cuando se hace, como lo hacen bastantes incluyendo obispos, compartiendo la suerte de la gente, incluso su penuria.

- Cuba, Venezuela, Nicaragua y Bolivia… Cuatro dictaduras, ¿con un antiguo proyecto?
Esto sería demasiado complejo para responder tan brevemente. En un año he escrito dos artículos complementarios sobre la necesidad de reinventar las izquierdas porque han fracasado y son imprescindibles.

- Su labor está vinculada al Centro Gumilla, que es el Centro de investigación y acción social de la Compañía de Jesús. ¿Cómo iluminar lo qué está pasando en la América Hispana?
Lo que caracteriza a nuestro Centro respecto de otros similares es que no aplica doctrinas sino que induce: de un papel de trabajo para un encuentro con gente de base o grupos solidarios se pasa a una reelaboración que sale del encuentro y así se va refinando hasta que sale un artículo o un capítulo de un libro y al fin un libro. Por ejemplo, así escribí La cultura del barrio, que va ya por la cuarta edición.

- Habla Ud. de crear un movimiento de reunión, desde las familias, de personas transformadas por el Espíritu. Coméntenos, en lo concreto del día a día, ¿qué hacen?
Muchas personas de las comunidades se metían en otros grupos de vecinos o sociales o de derechos humanos o de producción y se iban creando redes. Esto ha recibido un gran frenazo porque el gobierno monopoliza clientelarmente los barrios y casi impide organizaciones que no sean correa de trasmisión de sus dictados. Aun así subsisten comunidades, pero con muchas trabas, incluyendo las bandas armadas coaligadas con el gobierno.
- Hace años que Ud. apostó por las comunidades populares de base. ¿De qué forma sigue teniendo actualidad este proyecto en Caracas?
Tiene más que nunca porque la base de cualquier cambio que aspire a ser una alternativa superadora pasa por la constitución de sujetos con libertad liberada a los que los que tienen el poder no les influyan aunque les afecte muchísimo porque viven desde la libertad liberada que dan las relaciones filiales, con Papadios y fraternas con los demás.

- En España las parroquias están envejecidas. ¿Qué solución vislumbra?
No hay solución que no pase por el protagonismo de los laicos con autoridad por su vivencia cristiana a fondo y sus relaciones fraternas, abiertas a los que están fuera

- Con el neoliberalismo la crisis de sentido está impactando fuertemente a las generaciones jóvenes. ¿Qué se puede hacer?
Por una parte dedicarse directamente a ellos haciéndoles sujetos de lo que se haga y no sólo destinatarios y ni siquiera colaboradores. Por otra, hay que dedicarse a familias, para que ellas sean comunidades cristianas. He llegado a la conclusión de que las CEBs tienen que ser de familias, si queremos quesean de mujeres y varones y de tres generaciones y no sólo de mujeres de una misma generación.

- Jesús habla desde abajo y en son de paz. ¿Qué tipo de propuesta contracultural es la que se desprende de los evangelios?
Lo he venido insistiendo desde el comienzo: la convergencia de comunidades personalizadas y abiertas de hermanas y hermanos en Jesús de Nazaret o al menos con su Espíritu, si no son específicamente cristianas, y de asociaciones y tendencialmente de sociedades y más específicamente de cuerpos sociales que resultan de poner en común sus haberes. Pero eso es imposible, si no se parte de sujetos que han alcanzado la libertad liberada al ponerse en manos de Papadios o, sino se es específicamente cristiano de dejarse llevar por su Espíritu.
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