Misión y presencia, por A. García - Revista Cresol

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Misión y presencia, por A. García

Sumari > INTENCIÓ DEL PAPA: FERVOR MISSIONER
Misión y presencia entre los pobres

Arturo García, Delegado de misiones

El Pontífice pide orar por la misión de los consagrados y las consagradas, para que “despier-
ten su fervor misionero y estén presentes entre los pobres, los marginados y con los que no tienen voz”. Los misioneros están presentes entre los pobres, marginados y sin voz.

Esto es así, justo hoy, perdonad que os lo cuente, en una escala fortuita, no prevista en San Salvador, he tenido la oportunidad de visitar la tumba del pronto Santo Óscar Romero que murió por andar entre los pobres, y quizá más por dar voz a los sin voz. Esto es lo que hacen las Misioneras del Corazón de Jesús y María en san Pedro Sula, y me contaba un feligrés, Servidor de la Palabra, de la capilla de san Juan en la nueva Lima, en la diócesis de San Pedro Sula; cuando un sacerdote español fue a la plantación de la Compañía Platanera para denunciar que cuando las avionetas fumigaban los campos los trabajadores se bañaban de producto químico, por estar trabajando, desde ese momento ya no se hizo más. Me lo dijo con ocasión de visitar un enfermo constatando que todos los que trabajaban en aquellas condiciones están afectados.

Esto hace la Iglesia en la Misión: defender los derechos humanos, la verdad, apoyando la educación y la sanidad; ayudando a los niños, a los ancianos, a los discapacitados y toda debilidad. Promocionando a todos, a la mujer, a los campesinos, a los ganaderos, a las familias… En la India un 2 % de cristianos ha creado y sostiene el 20 % de la educación y asistencia social del país.

Pero todo esto no es por la cultura occidental, es mi opinión, sino por el Evangelio. Es Jesucristo el que sostiene a los misioneros arraigados en la Palabra de Dios, la oración y los sacramentos. No es posible resistir a la iniquidad, a la injusticia si no es sostenido por el Señor. Él es quien transforma a los hombres que abrazan la fe y son capaces de cambiar de actitud: para trabajar más, para cuidar a sus familias, para hacer un retiro y dejar el alcohol. Para, siendo joven, trabajar y estudiar a la vez. Para que un proyecto sin las ayudas oficiales ni casi apoyo, salga adelante. Cada proyecto en la misión está muy rezado, muy pedido delante del sagrario, y todos son un milagro.

Y es que no son los misioneros, ni somos los cristianos los que hacemos la Misión, sino que es Cristo, y lo hace por el Espíritu Santo que es quien cambia el mundo. No hay separación entre misión y presencia entre los pobres, es una misma cosa. Un signo de que llega el Reino de Dios es que se anuncia el Evangelio a los pobres. No me cabe duda que la celebración de la Eucaristía diaria, la Liturgia de las Horas, la predicación del Evangelio, es lo que hace que se aplique al mundo la redención de Cristo. Cuando se vive la fe no se puede ser insensible a la fuerza de Dios que impulsa sin descanso ni resistencia posible a trabajar por la justicia.

Pido a Dios, y pido sus oraciones, para que cada vez todos los cristianos seamos más sensibles a la intrépida vocación de la misión ad gentes. Sin cadenas que justifiquen lo que no hizo Santiago Apóstol que quiso cumplir las palabras de Cristo al pie de la letra, como san Francisco, y se fue al fin del mundo, sin pensar en donde reclinar la cabeza. Nos dio su vida, que perdió en su tierra, y nos trajo el tesoro de la fe.

Pienso en el ejemplo que Dios nos ha regalado en don Vicente Amargós.

Aún hoy hay muchos finisterres que están hambrientos de Cristo, como Cristo lo está de su fe.

En María, la Virgen Madre de Dios, pongo esta intención para nuestra diócesis, para todos pero en especial para los sacerdotes.

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