La insoportable vida sin transparencia Por Cristófol Sobrevela - Revista Cresol

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La insoportable vida  sin transparencia

Cristófol Sobrevela
APUNTES
Entre los  dichos o refranes que circulaban en diferentes ámbitos educativos donde se educaba en virtudes hasta “heroicas” como la castidad  había algunos particularmente expresivos: “No sólo hay que ser bueno sino parecerlo”.
Se decía también “El hábito no hace al monje” pero cuando después del Vat 2ª muchos optaron por quitárselo,  otros lo llevan, por si acaso,  “¿para parecerlo?”; “Si no eres casto, al menos, cauto”.

Y siempre, por un cierto prurito de recato, privacidad, buenas formas u otras consideraciones se decía que “la ropa sucia se lava en casa”, así se evitaba la exposición pública de conductas  poco  o nada ejemplares, o incluso  pecaminosas. Así, lo bien hecho  y presentado como tal y lo mal hecho, convenientemente escamoteado a la percepción social, era o tenía que aparecer como ejemplar en consideración a que los educandos –que siempre los habrá pequeños o grandes-, encuentren estímulo para el bien actuar. El recato así visto cumplía una importante función social: un poco de ignorancia u ocultamiento de pecados privados favorecería un mejor nivel de estimulación hacia el bien en el ámbito educativo. Por último, la evitación de estos pormenores de lo privado “poco edificantes” evitaba el escándalo para cuyos protagonistas Jesús deseaba como mejor “que se colocaran una rueda de molino al cuello y se echaran al mar”.

Así las cosas, la vida virtuosa, a través del tiempo, se fue llenando de sospechas. Una de ellas la representaría Blasco Ibáñez de quién se dice que viendo los monumentos eclesiásticos se despachaba en comentarios; “si esta es la pobreza que se ve, ¿qué será la castidad que no se ve”?
En fin, que muchos factores fueron propiciando la reacción social ante los predicadores de virtud; en España el anticlericalismo ha estado casi siempre presente. Otra reacción social quizás haya sido la excesiva exposición de conductas inapropiadas y/o hasta ofensivas hacia personas y al orden público así como el calificar de beatos, mojigatos e hipócritas a las personas que frecuentan la Iglesia.
Las últimas tecnologías, redes sociales y...

EL FUTURO DEL CRISTIANISMO-CATOLICISMO
Hecho desencadenante de reflexión: Papa Francisco reunido con obispos de todo el mundo para esclarecer protocolos a seguir ante el fenómeno de la pederastia.

ALGUNOS TEXTO DE JESÚS
“ Nada hay escondido que no salga a la luz” (Lc 8,17). “No se pone la luz bajo la mesa sino sobre el celemín para que alumbre a toda la casa” (Mt 5,15). “Libraos del fermento de los fariseos” (Mt 16,5-12: apariencia de bien, algo formal más que auténtico deseo de bondad). “Que vuestras palabras sean si o no, todo lo demás viene del diablo” (Mt 5,37).

LA IMPOSIBLE VIDA PRIVADA HOY
Hoy, con los adelantos tecnológicos todo lo que se quiere saber o averiguar se conoce. Hasta las contraseñas de tus correos y desde luego tus manías, o preferencias  en todos los terrenos.
¿Habrá que defender el derecho a tener vida privada? ¿Y si es imposible? ¿Podrá tener la sociedad tantas tragaderas para digerir tanta suciedad? ¿Podría una sociedad subsistir sin ejemplaridad  y por tanto, con la desconfianza y el desencanto por la falta de modelos creíbles?

Hoy en día parece que a la dificultad normal de creer en Dios se añade la de no poder creer en el hombre. “Si esto es lo que ocurre con el árbol sano, ¿qué será lo esperable con el enfermo?
Ahí está en la calle la universal queja de la falta de valores y de leyes o principios que los soporten. El practicismo o hacer lo que conviene o interesa y ello a corto plazo, es una de las quejas más frecuentes a falta de valores más firmes.

¿Podrá Francisco poner freno en la Iglesia al horrible y confesado delito de la pederastia en algunos sacerdotes y religiosos?
¿No habría que revisar también por exigencias de transparencia la doble vida de clérigos que asocian su ministerio con riquezas abundantes, o vida  conyugal, u homosexualidad  practicada, o ambición de status y poder?
En el presente en que estamos de “Transparencia obligada” parece que de poco sirve ya el “lavar los trapos sucios en casa”, ni el “ser cauto si no casto”, ni “pobre teniendo riquezas”. Hemos de digerir desde un realismo cristiano que el hombre es simul, justus et peccator y la condición de peccator siempre podrá ser desvelada por el detector de privacidad que  podría auscultar hasta los más secretos pensamientos donde según Jesús nace o se incuba el mal por tentación del demonio. ¿Habrá que ir entonces todos contra ese detector que impide toda privacidad?

Ya hay ley de protección de datos. Pero con frecuencia los más beneficiados por ahora son los poderosos que pueden y saben sacar y esconder datos en su provecho y también algunos pillos  que se benefician de los bienes del Bienestar social de los países desarrollados y recogen de todas las “ONGs buenistas”, gracias a que no se pueden cruzar datos y hacer un seguimiento real de las ayudas que cualquier necesitado va obteniendo y que por causa de esa ley de protección de datos no es posible el control.

DEL CRISTIANISMO APARENTE AL CRISTIANISMO REAL
No es aceptable decir que todo en la Iglesia es falsedad y pecado y por tanto ésta no merece sino desprecio y marginación por pérdida de confianza. No es negable la bondad y sacrificio admirable que muchos han llevado siempre a la práctica aún con deficiencias y pecados. Hay que decir que pedir la indefectibilidad a la Iglesia en si o en sus miembros es un exceso que la misma iglesia no acepta. Ella se sienta santa y a la vez pecadora. Es el realismo cristiano que hace posible la búsqueda del crecimiento desde el error y el pecado institucional y personal. No se entra en la vida cristiana con el sello de la santidad ya lograda sino como un camino para adquirir en las obras esa santidad. Por suerte jamás la Iglesia quitará el sacramento de la penitencia porque a eso vino Jesús a buscar no a los santos que ya no necesitan auxilio sino a los pecadores (Lc 5,32). Y desde esta perspectiva también habrá que dejar claro que igual que la Iglesia ha acogido siempre a delincuentes, terroristas, etc. deberá continuar haciéndolo incluso también con los propios sacerdotes que delinquen puesto que no tiene atribución para juzgar la conciencia moral del fiel que se acerca a la confesión de internis neque ecclaesiam. Aquella apostilla de “refugio de pecadores” atribuible a la Iglesia, a la Virgen y al propio Jesús “venid a mí los cansados y agobiados” es una función que debe asumirse siempre en la Iglesia y no deberá interpretarse como ocultamiento del mal o del delincuente ante la Justicia, sino como ámbito de trato humano a personas susceptibles de cambio si se logra un rapport adecuado con ellos.
Hemos de ser críticos también con una sociedad que con gran facilidad igual salva como condena con más emocionalidad que con argumentación racional.

VIENDO LOS FRUTOS DE L A TRANSPARENCIA SOCIAL
Como en otras ocasiones una buena reflexión cristiana por parte de la jerarquía y presbiterado, si se tiene el coraje, aprovechando la coyuntura actual, va a ser decisivo para generar una iglesia más creíble por la transparencia mayor en sus ministros.
La verdad que puede haber en la acusación de falta de trasparencia en la Iglesia no es rechazable. Muchos cristianos de buena voluntad debilitan su fe hoy por no ver testimonios claros. Y hoy se sabe todo. Si hay doble vida se sabe o puede llegar a saberse con facilidad. Y no digamos ya de las formas de vida que están a la vista y manifiestan un status más notorio de lo normal.

La Iglesia tiene que hacer reajustes más de fondo y plantearse temas no por viejos menos urgentes como el celibato opcional; la aceptación del homosexual o de la mujer al estamento sacerdotal etc. Son temas que deberíamos el presbiterado afrontar  para andar con los tiempos y con el evangelio de modo que “no carguemos a los ministros del Señor con cargas insoportables” que no puso nunca Jesús y cuyo ocultamiento por siglos llevan cada vez más a confesar la fe en Jesús pero no en su Iglesia por no tener la valentía de  afrontar con coraje la verdad. El apoyo al Papa Francisco en esta hora puede ser crucial.
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