Homosexualidad en la vida religiosa y sacerdotal Por Cosme Puerto - Revista Cresol

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Homosexualidad en la  vida religiosa y sacerdotal

Cosme Puerto Pascual

La fuerza de la Vocación, libro de Fernando Prado, Publicaciones Claretianas, Madrid 2018. El autor entrevista al papa Francisco que afronta todas las situaciones pasadas y actuales de la vida consagrada; un proceso postconciliar “lento, fecundo, desordenado”; en la época más reciente, un “ambiente enrarecido” en las “relaciones mutuas” de Iglesia y vida consagrada; el diálogo intergeneracional, la formación, la interculturalidad, la crisis vocacional, las religiosas en la Iglesia, el abuso sexual, la homosexualidad, …

Por la actualidad de los temas que aborda, en especial la homosexualidad en la vida religiosa y sacerdotal, lleva camino de marcar la agenda de trabajo de los centros de formación de la iglesia en un momento en que se están revisando todos los planes de formación. Lo hizo hace unas semanas la Conferencia Episcopal Española, que lleva un par de años debatiendo un documento sobre la cuestión.

En la entrevista perfila y clarifica términos: discernimiento, mundanidad espiritual, clericalismo de la vida consagrada, misión compartida con los laicos, vivir la pobreza con alegría, formación integral, manejar bien los límites, el camino del dialogo, la vida de comunidad, la fecundidad consagrada, el servicio de la autoridad, misión compartida, frecuentar el futuro… Respecto a la vida consagrada aporta desde su propia experiencia personal una teología de la vida religiosa vivida y para la vida. Pero en estas líneas me voy a centrar en lo que dice en referencia a la temática homosexual en la vida consagrada y sacerdotal, con motivo de la tolerancia cero respecto al abuso sexual de menores.
La homosexualidad es un término que no termina de perfilar ni clarificar. La Iglesia, la sociedad, el clero y la vida religiosa esperaban con mucha ansiedad y preocupación, algo de luz clarificadora, verdad, fundamentación científica, … y no más miedo, homofobia, heterosexismo y condenación. Una aportación científica y positiva para poder aportar esperanza, acogida, salvación y buena noticia evangélica a estas personas como Felipe al eunuco de Candace.  

Su doctrina y recomendaciones nos recuerdan un pasado no lejano. La Iglesia Católica recrudeció su discurso contra los derechos de los homosexuales en 2004-2005. En el libro titulado "Luz del Mundo" basado en la entrevista de Peterwald al papa Benedicto XVI explica por qué los homosexuales no pueden ser sacerdotes y pide que los seminarios los detecten y los aparten. "Su orientación sexual les distancia de la recta paternidad que define el ser sacerdotes". Aunque reconoce que hay sacerdotes homosexuales, les pide que "por lo menos" no ejerciten "de manera activa" esa inclinación, para permanecer fieles a sus obligaciones.

Una instrucción de la Congregación para la Educación Católica de 2007: "Por lo que se refiere a las tendencias homosexuales profundamente arraigadas, que se encuentran en un cierto número de hombres y mujeres, son también éstas objetivamente desordenadas y con frecuencia constituyen, también para ellos, una prueba. Tales personas deben ser acogidas con respeto y delicadeza". Y añade: " la Iglesia, respetando profundamente a las personas en cuestión, no puede admitir al Seminario y a las Órdenes Sagradas a quienes practican la homosexualidad, presentan tendencias homosexuales profundamente arraigadas o sostienen la así llamada cultura gay".

¿Aporta algo nuevo sobre el tema? No aporta nada nuevo a lo dicho por Benedicto XVI y a la instrucción de la Congregación para la Educación Católica de 2007. Se centra en la condena del pasado sin apostar por el cambio, que es necesario en el tema de la sexualidad como decía el cardenal Martini. La cuestión de la homosexualidad es mencionada, en términos que, sin duda, no dejarán de crear polémica.

El papa Francisco olvida que dijo hace cinco años, recién llegado al pontificado romano, que comprendía a los homosexuales. “¿Quién soy yo para juzgarlos?”, se preguntó retóricamente. Pero la posición oficial de su iglesia sobre el tema no ha cambiado. El rechazo y condena siguen en pie. Lo reafirma en el libro que estamos comentando. Echando un vistazo atrás, desde esta entrevista a otras declaraciones suyas sobre el tema, se comprueba que ha echado un paso atrás.

Nos recuerda el Papa que “en la vida consagrada y en la vida sacerdotal, ese tipo de afectos no tienen cabida” y que los sacerdotes, religiosos/as homosexuales deben “vivir íntegramente el celibato”. Yo me pregunto: ¿Los heterosexuales no deben vivir íntegramente su celibato? El que les sea más o menos costoso para unos u otros depende de múltiples causas en cada caso. Los heterosexuales y homosexuales que manifiestan una conducta predominante y exclusiva, no suelen poder ser fieles a su compromiso de vida célibe casta.           

Para evitar la entrada de homosexuales en la vida consagrada, Francisco pide a los responsables de los seminarios y noviciados que mantengan "los ojos abiertos" y "detecten candidatos" que podrían desarrollar "más tarde esas tendencias". Da la impresión de que los responsables del abuso sexual en el sacerdocio, vida religiosa e iglesia son los homosexuales y olvida que los heterosexuales son según los estudios realizado los que más abusan. Los principales abusadores son los padres, hermanos, familiares cercanos, amigos, etc., son los que más cometen este abuso. El tener en cuenta esto no es minusvalorar los cometidos por sacerdotes y religiosos/as.

Francisco dijo que en los candidatos al sacerdocio o vida religiosa “tenemos que cuidar mucho en la formación la madurez humana y afectiva. Tenemos que discernir con seriedad y escuchar la voz de la experiencia que también tiene la Iglesia. Cuando no se cuida el discernimiento en todo esto, los problemas crecen. Como decía antes, sucede que en el momento quizá no dan la cara, pero después aparecen”.

Estoy de acuerdo y es evidente que hay límites en la formación y las conductas sexuales. Lo importante de un pastor de almas es marcar dónde están esos límites. Los candidatos con neurosis y desequilibrios son claros. Pero en las conductas heterosexuales, homosexuales, autosexuales, …

¿Dónde están para la persona célibe?
“Sí, la formación tiene que abarcar las dimensiones importantes de la persona. Esto vale para las personas consagradas y para los seminaristas de las diócesis. La formación tiene que estar basada sobre cuatro pilares: la vida espiritual, la vida comunitaria, la vida de estudio y la vida apostólica”. Pg. 78. Para mí una formación integral del religioso y sacerdote debe de tener al menos un quinto pilar: una educación afectivo-sexual integral desde una actitud positiva, sana y adaptada a cada etapa evolutiva de la vida. La sexualidad nace con la vida y no termina de crecer y adaptarse plenamente hasta la muerte. Esa formación para ser integral debe abarcan todas las dimensiones de la persona: biológica, psicológica, afectiva, social, axiológica, espiritual, higiénico-sanitaria, … Sin dejar fuera ninguna de ellas por la interrelación continua entre todas ellas.

Sin embargo, tengo que reconocer y aplaudir que por fin un Papa no reúsa preguntas sobre ella y dejando al descubierto su vulnerabilidad para tratar de responder y abordar temas tan polémicos como la homosexualidad en la Iglesia. Acepta que se siente muy "preocupado" por el número de sacerdotes y religiosos/as homosexuales. También sostiene que la Iglesia podría verse invadida por la "moda" de la homosexualidad.

Pero no veo nuevas aportaciones del papa Francisco al tema, que ayude a los homosexuales a tener un poco de esperanza de ser mejor aceptados, comprendidos y orientados dentro de la Iglesia, de la vida consagrada y sacerdotal. Las preguntas me surgen en todos los sentidos: ¿Quién nos llama a la vida consagrada?, ¿Dios no puede llamar a los homosexuales?, ¿Los heterosexuales no tienen que ser fieles a su celibato y no escandalizar al pueblo de Dios?, etc
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