Francisco y el gran Imán de Al-Azhar conversan entre sí Por Enrique Lluch - Revista Cresol

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Francisco y el gran Imán de           Al-Azhar conversan entre si
Enrique Lluch Frechina (Profesor de la Universidad CEU Cardenal Herrera)

El pasado 4 de febrero, Francisco y el gran Imán de Al-Azhar, Ahmad Al-Tayyib, conversaron entre sí. Esto es una noticia por sí misma, sobre todo en un mundo en el que los debates predominan sobre la conversación, en el que la competencia se estima más que la colaboración. Por ello es una buena noticia y un ejemplo a seguir que dos líderes religiosos conversen entre sí, que no debatan, que no discutan, que no compitan, sino que, simplemente dialoguen. Porque la cultura del debate se nos pone por delante desde la infancia. Esta mañana he estado reunido con la tutora de uno de mis hijos y me ha hablado en varias ocasiones sobre los debates que realizan en clase ¿Por qué debaten en lugar de conversar? ¿Por qué necesitan contraponer ideas en lugar de intentar buscar puntos en común? Y si comenzamos con la educación de los pequeños, esto se mantiene hasta edades avanzadas en las que pocos saben conversar y muchos quieren debatir e imponer lo suyo a los demás.

Sin embargo, Francisco y Ahmad cuando quieren hacer un documento sobre la fraternidad humana, la paz mundial y la convivencia común insisten en la necesidad de la cultura del diálogo, en la colaboración y el conocimiento mutuo. Porque ellos saben que la violencia se genera en la competencia, en la verdad absoluta que se quiere imponer al otro, en el olvido de los valores éticos, en las desigualdades que benefician solo a una parte de la población. Por ello es esencial acercarse al otro sabiendo que sus argumentos son tan válidos como los míos, escuchar lo que nos dice desde el silencio que nos permite que sus argumentos penetren en mi ser, buscar los puntos en común y no querer imponer los míos sobre los de la persona que tengo enfrente.

Y eso, y no otra cosa, es lo que hicieron de una manera sincera Francisco y Ahmad. Por eso pudieron encontrar puntos en común a pesar de las diferencias evidentes entre uno y otro. Por eso pudieron darse cuenta de que para reducir muchos de los problemas que se dan en nuestra sociedad y reducir la posibilidad de conflictos es necesario el diálogo, la comprensión, la cultura de la tolerancia, la aceptación del otro. Solo así se puede avanzar en un camino de fraternidad y de paz.

Los dos líderes religiosos llaman a estudiar su documento en escuelas, universidades e institutos de educación y formación. Quieren que las nuevas generaciones luchen por la paz y por el bien común, que sean defensoras de los derechos de los más oprimidos y de los últimos. Siguiendo su llamada debemos de introducir en la educación de nuestros pequeños la formación en la conversación. Porque dialogar es una manera de alcanzar la reconciliación entre las personas que están enfrentadas, de lograr que la fraternidad triunfe y se imponga a los fanatismos y a los fundamentalismos de quienes solamente pretenden imponer lo suyo a los demás.

La conversación entre dos personas tan diferentes, que profesan religiones que han estado en guerra y que algunos utilizan como excusa para la muerte, para el conflicto y la confrontación es un ejemplo para el mundo. Cuán diferente a esos otros líderes que en lugar de conversar entre ellos se dedican a emitir mensajes contrapuestos que alimentan la confrontación, el rechazo y el conflicto con el otro. Por todo ello creo que debemos tomar ejemplo y potenciar esta manera de afrontar la realidad en todos los ámbitos en los que nos encontramos. El diálogo sincero, sin imposiciones, reconociendo la valía del otro, intentando comprender sus argumentos, es el camino hacia una sociedad más pacífica y fraterna.
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