Entrevista al Arzobispo de Tánger Santiago Agrelo - Revista Cresol

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“Se abusa del nombre de Dios, cuando de Dios hacemos ideología y de la ideología instrumento de poder”
Con esta entrevista queremos conocer un poco más y mejor algunos de los ambientes teológico-pastorales que están creando resistencia a las posiciones del papa Francisco; personas que con verdades a medias suscitan la confusión y la división.
Necesitamos voces que nos ayuden a posicionarnos con “la alegría del evangelio”, sin querer contentar a todos… Obispos, teólogos y gente corriente que arriesgan con sabiduría, claridad, libertad y de forma valiente.
Con autoridad se expresa el obispo Agrelo; rompiendo y liberando. Introduciendo la nueva visión del Dios de la misericordia. Acercándonos, con el papa Francisco, a la esencia del evangelio de la alegría.

- D. Santiago: Hay quien difunde sombras proclamando a “Dios por encima de todos”. ¿Cuándo se abusa indebidamente del nombre de Dios?
Se abusa del nombre de Dios cuando se identifica a Dios con la idea que nos hacemos de él, cuando de Dios hacemos ideología y de la ideología hacemos instrumento de poder. Quienes ofrecen ideología en vez de salvación, aunque presuman de ser creyentes, sólo podrán dar fe de que son idólatras.

- ¿Vivimos en una coyuntura en la que el peligro es seguir soñando con lo antiguo?
El Evangelio es “siempre antiguo y siempre nuevo”. El peligro está en identificar con el evangelio determinadas formas de vivirlo, que pertenecen al pasado, y que pueden haber sido adecuadas para un tiempo, pero que no por eso lo son para todos los tiempos.

- Muchos consideramos que el papa Francisco (y usted mismo) se encuentra en la tradición de aquellos obispos proféticos como Dom Helder Câmara, san Oscar Romero, y otros que en tiempos sombríos levantaron su voz en defensa de los derechos humanos. Ese camino, ¿por qué nos conduce a la evangelización del mundo contemporáneo?
Se está dando algo muy sorprendente: Helder Câmara, Óscar Romero, el Papa Francisco, han suscitado y suscitan una adhesión natural en personas sensibles al sufrimiento de los pobres, dentro y fuera de la Iglesia; y suscitan un rechazo despectivo y agresivo en ambientes, sobre todo eclesiásticos, más preocupados por doctrinas que por personas, más atentos a legalidades que a pobrezas. El compromiso con los pobres es una señal de autenticidad del evangelio que predicamos.

- Coméntenos brevemente este texto de uno de los mayores teólogos del siglo pasado, hecho cardenal al final de su vida, el jesuita francés Henri De Lubac: «Si falto al amor o si falto a la justicia me alejo infaliblemente de Vos, Dios mío, y mi culto no es más que idolatría». ¿Qué Dios es ese que les lleva a algunos pastores a no reconocer los derechos de los pobres, a insistir en las liturgias y a privilegiar el status quo de las clases acomodadas?
Es una evidencia que, en el juicio de Dios sobre nuestra vida, no se nos preguntará por doctrinas y liturgias, sino por nuestro hermano. Dicho de otro modo: lo primero que necesito es una fe; lo segundo será una doctrina que exprese esa fe y una liturgia que la celebre. El problema empieza cuando doctrina y liturgia ocupan el espacio del hermano y lo dejan a pedir fuera de la iglesia.

- Nos recuerda un importante cardenal en un libro recientemente publicado que un mundo que se olvida de Dios se encamina a su perdición, poniendo espalda contra espalda a la “barbarie materialista” y la “barbarie islamista”, exhortando a la Iglesia a poner de nuevo en el centro a Cristo, denunciando el pacto de Marrakech apoyado por el Vaticano. ¿Qué hay de verdad y de falsedad en este tipo de exhortaciones?
No he leído ese libro. Pero si allí se dice lo que en la pregunta se le atribuye, me vería obligado a hablar de “barbarie cardenalicia”, y no quiero hacerlo. Seguramente que al autor del libro le vendría bien algo de la añoranza de Dios que hay en tantos hombres y mujeres que no han encontrado la fe; no digamos ya, algo de la pasión por Dios que alienta en tantos hombres y mujeres de fe islámica. Y mucho me temo que el Dios del autor del libro, no pase de ser un pobre ídolo de Dios, una pobre ideología sobre Dios. Mejor será que unos a otros nos exhortemos a amarnos mutuamente sin dejar a nadie fuera de nuestro amor. Si así lo hacemos, se diga lo que se diga a propósito de nuestra fe, habremos amado al único Dios que a todos nos ha creado y que a todos nos espera.

- ¿Es sensato ponernos en guardia contra la ordenación de los hombres casados que algunos desearían con ocasión del próximo sínodo sobre la Amazonia?
No veo qué dificultad pueda haber para que la Iglesia empiece a llamar al presbiterado a hombres casados.

- El cardenal Sarah invita a una verdadera resistencia espiritual, recordando que sólo Cristo es la Esperanza del mundo, en su nuevo libro [Ya está cayendo la tarde y se termina el día]. ¿Un análisis sombrío y lleno de temores?
Cada uno es responsable de sus ideas, de sus temores, de sus esperanzas, de sus propuestas. Sólo puedo respetar lo que veo en los demás. En lo personal, cada día me doy cita con la resistencia ante el mal –empezando por el que hay dentro de mí-. La pregunta es: ¿A qué llamamos mal? Y probablemente mi hermano tiene enemigos que yo no tengo. Que “sólo Cristo es la esperanza del mundo” lo confieso yo también. No sé lo que eso significa para mi hermano. Te diré lo que significa para mí: que Cristo es el destino del mundo, y que a ese destino se llega por transformación en Cristo, por comunión con Cristo, por obediencia al Espíritu del Señor y a su santa operación. A mí me han enseñado a ver a Cristo en todos y cada uno de mis hermanos, más aún, me han enseñado a verlo en la creación entera. Y eso hace luminoso el mundo en el que vivo: luminoso y lleno de Dios.

- Dice el cardenal Sarah que “Judas le traicionó, porque el traidor quería un Cristo preocupado por los asuntos políticos”. ¡Es deber del cristiano involucrarse en política! ¿Hay que hacer política o no?
Es posible que Judas, al traicionar a Jesús, pretendiese obligarlo de alguna manera a mostrar su poder sobre el poder romano. Es posible; pero esa manifestación de poder hubiera sido del todo insignificante, y hubiese hecho de Jesús un opresor como los demás que gobernaban el mundo. Lo verdaderamente significativo de la acción de Jesús es su debilidad. Esa debilidad tiene una dimensión política mucho más honda de la que pueda tener ninguna manifestación de poder. Si los cristianos fuésemos fieles a Jesús, a su evangelio, a su pequeñez, a su abajamiento, nuestro mundo sería muy distinto del que conocemos. Creo que son muchos los cristianos que no están dispuestos a pertenecer a una Iglesia tan vulnerable como una familia pobre.

- Continúa el cardenal Sarah: «Ciertamente, es importante ser sensible ante las personas que sufren. Pienso, en especial, en los hombres que abandonan su país. Pero, ¿por qué se alejan de su tierra? Porque poderosos sin fe, que han perdido a Dios, para los que sólo cuentan el poder y el dinero, han desestabilizado sus naciones». ¿Qué piensa usted?
Mucho me temo que los poderosos sólo puedan ser “poderosos sin fe”, pues la fe, si a ella llegase un poderoso, desde el principio lo desposeería de su poder y lo arrodillaría para servir. Así que, nada tiene de extraño que “poderosos sin fe”, preocupados de lo suyo –del poder y de esa evidencia de poder que es el dinero-, se entreguen con toda el alma, con todo el ser, a ese su dios. Es un hecho: el poder ha expoliado África, la han utilizado para enriquecerse todos los demás continentes -¡Todos!-, dejando en África un pueblo de empobrecidos a los que luego todos cierran las puertas como si dentro de nuestras casas no hubiese nada que a los africanos les pertenezca.

- Sigue el cardenal Sarah: «hay sacerdotes, obispos e incluso cardenales que tienen miedo de proclamar lo que Dios enseña y de transmitir la doctrina de la Iglesia. Tienen miedo de no ser aceptados, de ser considerados unos reaccionarios. Entonces afirman cosas confusas, vagas, imprecisas con el fin de no ser criticados, y se alían con la evolución estúpida del mundo. Es una traición…». ¿Son justas estas afirmaciones?
Vuelvo a recordar que cada uno es dueño –y también responsable- de sus ideas y de sus palabras. Es obvio que en la Iglesia hay muchos bautizados –también sacerdotes, obispos e incluso cardenales- que confunden evangelizar con transmitir una doctrina, confunden salvar con hacer prosélitos, confunden amar con adoctrinar. Espero que esas confusiones no sean interesadas y que la buena fe a todos nos pueda salvar.

- Para el Papa Francisco “la escucha es la clave para comunicar la fe”. Pero para el cardenal Sarah: “La Iglesia no está hecha para escuchar, está hecha para enseñar: ella es mater et magistra, madre y educadora”. ¿Qué dicen los grandes mensajes del Concilio?
Claro que la Iglesia es Madre y Maestra, como lo fue Jesús. Pero lo fue a los pies de la humanidad, lo fue lavando pies sucios, lo fue haciéndose siervo de todos por la encarnación, por la forma de vida, por la forma de muerte. Imaginar a la Iglesia en un papel distinto del de Jesús, es una equivocación comprensible –los apóstoles de Jesús tardaron mucho en caer del burro-, pero es siempre una equivocación. Intenta, hermano mío, imaginar a un Jesús sordo, que recorre el mundo sólo para enseñar, sólo para que le escuchen: habrías imaginado una monstruosidad. Pues si ese Jesús no es imaginable, tampoco lo es la Iglesia, que es su cuerpo: su presencia real en el mundo.

- ”Hay un proyecto especialmente estructurado de destrucción de la Iglesia mediante la decapitación de su cabeza, los cardenales, los obispos y los sacerdotes”. ¿Esto es así?
No sé a qué te refieres.

- “El abandono del celibato agravaría aún más la crisis de la Iglesia”. ¿Se puede estar seguro de esto?
Me pregunto qué se quiere decir cuando se habla de “la crisis de la Iglesia”. Yo veo una Iglesia animada por el Espíritu del Señor, una Iglesia que toma conciencia de su papel de levadura en medio de los pueblos, una Iglesia llamada a servir, una Iglesia a su aire como pobre entre los pobres. Si eso es una Iglesia en crisis, bienvenida sea una crisis interminable que nos mantenga apegados al evangelio hasta el fin de los tiempos. En esa Iglesia, por libertad para el servicio, por una opción de amor que a todos incluye, tendrán un lugar muy particular los “eunucos por el reino de los cielos”.

- Para una visión sobre la sexualidad más positiva que la heredada, más acorde con los datos de la ciencia, ¿hay algunas enseñanzas que tal vez se podrían “modificar”? ¿Reformular?
Primero: no soy un moralista. Segundo: no soy un sexólogo. Tercero: no soy un sociólogo. Cuarto: cualquier cosa que yo dijere en materia de sexualidad carecería de fundamento. Pero hay cosas que intuyo: el respeto que debo a la conciencia del otro, a las opciones del otro, a la libertad del otro; la misericordia que debo a quien en el ejercicio de su libertad ha hecho mal a otra persona o se ha hecho mal a sí mismo; el rostro de Dios que ha de encontrar en mí quien a mí se acerque necesitado de misericordia. Te puedo asegurar, hermano mío, que nadie se ha apartado de mí sin haber encontrado el abrazo de Dios.

- ¿Qué piensa usted de la condena del cardenal Barbarin?
No conozco los hechos que han llevado a la condena judicial de este hermano. Si el Papa Francisco no ha considerado oportuno aceptar la renuncia del cardenal al gobierno de su diócesis, quiere decir que hay motivos para pensar que el cardenal sea inocente del delito que se le imputa. Y quiero pensar que así es.

- ¿Cómo valora usted los frenos a la inmigración en algunos de los países del Este de Europa (Polonia…)?
Ni me sorprende ni me escandaliza. Una cierta forma de entender el cristianismo, de entender la identidad religiosa, y cosas por el estilo, a las que se da más valor que al sufrimiento de las personas, llevan a rechazar al emigrante, sobre todo al emigrante musulmán. Es antievangélico, pero tiene su lógica. Curiosamente, olvidan algo tan simple como el evangélico: “Tuve hambre y me disteis de comer”…

- Compartimos con el cardenal referido que hay que “ayudar a las personas a crecer en su cultura”. Pero, ¿cómo interpretar eso de que “es una falsa exégesis utilizar la Palabra de Dios para valorizar la migración”?
No sé a qué se refiere el autor de la frase entrecomillada. Son muchos los que, para una cosa o para otra, utilizan la Palabra de Dios, algunos incluso la utilizan para predicar: olvidan que la Palabra no se proclama para que la utilicemos –para que la pongamos a nuestro servicio- sino para que la escuchemos, la obedezcamos, la amemos, la vivamos. Y no hace falta esforzarse mucho para encontrar en las páginas de la Sagrada Escritura referencias al compromiso de Dios con los emigrantes y evidencias de su mandato para que cuidemos de ellos. Eso no es valorizar la emigración sino dar al emigrante el lugar que le corresponde en el pueblo de Dios.

- ”Todos los inmigrantes que llegan a Europa están hacinados, no tienen trabajo, ni dignidad…”. ¡Esto no es así!
Ése es un evento que nosotros predecimos y hacemos verdadero –profetizamos que se va a dar lo que nosotros haremos que se dé-. Somos nosotros los que hacinamos a los emigrantes, somos nosotros los que les impedimos acceder a un trabajo digno, somos nosotros los que disponemos de ellos como si fuésemos sus dueños.

- ”Si Occidente continúa por este funesto camino, hay un gran riesgo de que, debido a la falta de natalidad, desaparezca, invadido por los extranjeros, como Roma fue invadida por los bárbaros”. ¿Metiendo miedo?
Se me oculta qué es eso de Occidente y qué tiene ese Occidente de tanto valor que merezca ser salvaguardado. Supongo que para un japonés, las Islas Hawái son Oriente; y que, para los habitantes de las Hawái, Terranova es Oriente; y que para los habitantes de Terranova, Irlanda es Oriente. Pero igual supongo mal. Ahora bien, pensar que ese supuesto Occidente ideal representa la cultura frente a un mundo bárbaro, indica sólo prejuicio, espíritu supremacista, y tantas otras cosas que nada tienen que ver con el evangelio de nuestro Señor Jesucristo. Me pregunto si África ha de ser colocada en el bando de la barbarie. Me pregunto si no nos hemos vuelto locos.

- ”Si Europa desaparece, y con ella los valores inestimables del viejo continente, el Islam invadirá el mundo y nuestra cultura, nuestra antropología y nuestra visión moral cambiarán totalmente”. ¿Cuál es su experiencia sobre el diálogo interreligioso con el Islam?
Me quedo muy desconcertado ante la introducción a la pregunta y también ante la pregunta. Todo huele a integrismo, a ideología supremacista, a exaltación de “lo nuestro” frente a lo otro, a lo de los demás: nuestra cultura, nuestra antropología, nuestra moral. Todo huele a fobia ante el Islam, a xenofobia, a aporofobia… No pienses que me he salido de tema: el odio al Islam es sólo una forma particular del odio al extranjero, y ésta es una forma particular del odio a los pobres. Hace doce años que vivo entre musulmanes, y sólo tengo amigos entre ellos: ¡sólo amigos! Y ni se me ocurre pensar con aprensión en la posibilidad de una Europa que mañana sea mayoritariamente musulmana: sería un hecho, no una desgracia.

- ¿Es correcto decir que “el papa Francisco, quiere salvar literalmente el humanismo cristiano”,  o sería más fino que todo un cardenal se expresara refiriéndose al papa Francisco en términos de profecía y de sabiduría cristiana?
Lo dicho: Cada uno es dueño de sus sentimientos, de sus afectos.
Tal vez por franciscano –a los once años entré en el convento y me quedé para siempre-, aprendí un amor visceral al Papa y a la Iglesia. Lamento que, para algunos, las ideologías resulten más importantes que las personas. En todo caso, es natural que cada uno vea a los demás desde los propios pensamientos, desde las propias simpatías y los propios desafectos. ¿Cómo no amar a un Papa que siempre te pide que reces por él? Dice una amiga mía, y dice bien, que eso de rezar “no es otra cosa que AMAR”. Y eso es: rezar es amar a Dios a quien pedimos; y es amar a aquellos por quienes pedimos. Puede que algunos todavía no hayan caído en la cuenta que todo es cuestión de AMAR.
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