Entrevista a Asunción Esteso, Presidenta de la Asociación en España - Revista Cresol

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“Las empresas EdC tratan de poner en el centro a la persona en su gestión y compartir sus beneficios”
ASUNCIÓN ESTESO, PRESIDENTA DE LA ASOCIACIÓN ECONOMÍA DE COMUNIÓN ESPAÑA

Asunción Esteso, es presidenta desde el 2017. Vive en Valencia y tiene una larga trayectoria como empresaria vinculada a la Economía de Comunión (EdC).
La Economía de Comunión (EdC) nace precisamente de una mirada, la de Chiara Lubich, fundadora del Movimiento de los Focolares, hacia los más desfavorecidos del sistema económico.  Ante este hecho propone una respuesta original focalizándose en el pilar del sistema: la empresa. Por ello, insta a la creación de empresas que ponen en el centro a la persona y que comparten sus beneficios para erradicar pobreza. Un tercio de estos beneficios quedan en la empresa para la reinversión ya que la mejor ayuda al desarrollo es la creación de puestos de trabajo, otro tercio es destinado al empleo de colectivos desfavorecidos y el último tercio a la formación y difusión de la cultura que subyace en la EdC: la cultura del dar.

ECONOMÍA DE COMUNIÓN
- Acaban de celebrar en Cartagena (1 de junio de 2019), una Jornada sobre Economía de Comunión (EdC). Brevemente, ¿cómo fue?
Cada año realizamos un evento abierto en distintas ciudades de España para dar a conocer la EdC y conocer iniciativas del lugar que están en la misma sintonía. Al ser una jornada nacional, no sólo conocimos iniciativas locales, sino la experiencia de algunos empresarios EdC de otras ciudades, y proyectos valencianos como la “Catedral de la Natura” o la cooperativa COTASA que tratan de integrar sociolaboralmente a personas inmigrantes, además de una mesa redonda sobre empresa y sostenibilidad.

- ¿Confía en que pueda surgir una nueva gestión empresarial en el futuro inmediato, inspirada en la EdC?
Esta nueva gestión ya existe. Son las empresas EdC que tratan de poner en el centro a la persona en su gestión y compartir sus beneficios. Estas jornadas o momentos de formación son abiertos a todo aquel que quiera compartir y nutrirse de este modelo sin necesidad de ser empresario.
En Barcelona, por ejemplo, existe un grupo estable de gestión empresarial formado por directivos, empresarios e interesados en la EdC que comparten y se ayudan en sus experiencias, comparten dilemas morales que se dan en la vida empresarial o proponen soluciones creativas a problemas empresariales fruto de ese diálogo y comunión.

- ¿Según la EdC qué factores hacen que la vida en una empresa sea saludable?
Desde el punto de vista de la EdC, una empresa es saludable si su estilo de gestión económica está basado en la “cultura del dar”. Esta cultura se basa en una visión antropológica que se caracteriza por la superación del individualismo y que no se deduce tanto de reflexiones teóricas cuanto del esfuerzo de dar a la práctica de la vida cotidiana un contenido espiritual. Incluso en un mundo sin pobreza, estamos llamados a vivir así, en la comunión de bienes pues se entiende que los bienes son “mejores bienes” si son puestos en común, y aquellos bienes que no son compartidos se convierten en “malos bienes”.
Es interesante visitar nuestra web donde se encuentra esta información http://edc-online.org/es/imprese-alias/linee-per-condurre-un-impresa.html Si la empresa EdC vive de este modo, responde a su misión.

- Es posible inspirarse en la EdC para aportar soluciones innovadoras a problemas de fondo como la pobreza. ¿Qué les dice usted a los empresarios con los que se relaciona?
Relacionarme con los empresarios EdC ha sido una de las cosas más bonitas que me han pasado en la vida.  Son personas valientes y felices porque han conseguido ofrecer su talento creativo y empresarial a través de una actividad económica orientada al desarrollo y no a  la acumulación.   No viven en la esquizofrenia de tener que dejar a un lado sus valores más profundos cuando están actuando como empresarios.  
Ciertamente, como todo aquello que vale la pena en la vida, se trata de una felicidad no exenta de dificultades al actuar contracorriente en la vida económica. En la EdC hasta el empresario está llamado a vivir esta pobreza si quiere ser empresario EdC en cuanto a desapego de rol, de poder e incluso de ciertos bienes de confort que el resto de sus colegas consideran normales. Es también el desapego concreto del dinero cuando a fin de año dona buena parte de los beneficios para los fines de la EdC. En cambio, esos beneficios que se donan en lugar de dejarlos en el banco como reserva, le hacen más vulnerable, le ponen en condiciones de mayor dependencia y vulnerabilidad sobre todo en los momentos difíciles y en las crisis.
Se me quedan cortas las palabras de admiración hacia los empresarios EdC.

- En 1991, Chiara Lubich, fundadora de los Focolares, visitó Brasil y allí, ya desde el avión, se da cuenta de esa realidad dispar de las favelas y los rascacielos. ¿En general, qué dice hoy el mundo empresarial a la respuesta que dio la fundadora en aquel momento?
Vamos descubriendo que las respuestas de la EdC hoy vienen, por un lado, siendo fieles a nuestros orígenes, es decir, viendo el mundo desde el lado de las víctimas, los pobres y descartados, luchando con ellos y por ellos, como hizo Chiara, que fue capaz de ver el capitalismo desde las favelas. También vio los rascacielos, pero para juzgar el sistema eligió las favelas y tomó como metro medida la diferencia entre rascacielos y éstas. Por eso, aquí en Valencia, la EdC  ha querido que su plataforma sea el Instituto Social del Trabajo (ISO) con sus casas de acogida para inmigrantes.
Otra apuesta por la que la EdC siente predilección es seguir trabajando por las nuevas generaciones de empresarios. Por ello, se ha lanzado hace un par de años la red EoCInn, una red de incubación mundial para acompañar a jóvenes que están empezando con sus proyectos empresariales y desean hacerlo desde una perspectiva de comunión.  En España un hub (nodo) de esta red está en Sevilla para acompañar a jóvenes emprendedores españoles.
Por otro lado, entendemos que las respuestas van en la dirección de trabajar con otros que actúan en la misma línea por la erradicación de pobreza. Sumar y crear sinergias con otros. El pasado mes de noviembre en Roma participamos en el evento “Prophetic Economy” en un liderazgo compartido con otras organizaciones, dando protagonismo a las nuevas generaciones y dando voz a aquellos que habitualmente no la tienen en estos eventos y que viven en situaciones vulnerabilidad económica. Por eso, debemos conocernos y crear redes para ayudarnos y actuar juntos.  También en el 25 aniversario de la EdC el Papa nos recordaba que el futuro de la EdC pasa por quedárnosla para nosotros sino por regalarla a otros, a todos, sobre todo a los pobres y a los jóvenes.

- Hay quien dice que la EdC está llena de sueños por los que trabajar por la pobreza. Noticias bonitas, altruistas, “angelicales”, optimistas. ¿Una utopía humanizadora?
La EdC no es una utopía sino una realidad muy concreta y tangible. Ciertamente, la cifra de empresas EdC  es muy pequeña si la comparamos con todas las empresas que hay en el mundo, pero estas empresas nos están diciendo que esto es vivible, que es posible. Por eso decimos que es un hecho profético y no tanto utópico. La profecía, a diferencia de la utopía, ya tiene un contenido de realidad. Es pequeña pero real.  

- ¿Qué les dice la presidenta de la Asociación EdC en España a la gente que vive la pobreza con vergüenza, en silencio y con tristeza?
Cuando voy al ISO, cuando tengo ocasión de acompañar a algún lugar a estas personas inmigrantes y escucho sus testimonios, o cuando voy a menudo los viernes al Botánico en Valencia, donde se concentran personas sin recursos, me quedo sin palabras. Es fácil darse cuenta de que a menudo se sienten culpables de su situación.
Muchas veces esta miseria procede de relaciones rotas. En nuestra vida personal, podemos no tener recursos pero con una red de auténticas relaciones conseguiremos aquello que necesitamos. En la EdC cuando los beneficios son donados para personas en necesidad, la primera ayuda siempre debe ser una relación cercana y de proximidad para establecer comunión y reciprocidad.  Sin esta primera ayuda, ninguna ayuda es efectiva desde una perspectiva de comunión.  Por eso, las intervenciones de la EdC se hacen directamente con comunidades conocidas, aplicando el principio de subsidiariedad. Para la EdC la cura de todo tipo de pobreza es primero una cura de relaciones. En muchos casos, los empresarios Edc conocen y a menudo visitan los lugares que reciben las ayudas. Antes de cualquier ayuda material, la intervención más importante es revitalizar la comunión.

ECONOMÍA DE FRANCISCO
- Se ha hecho pública la carta con la que el Papa Francisco convoca a jóvenes economistas, empresarios y empresarias a Asís, para proponerles un pacto por una nueva economía. ¿Qué puede aportar la EdC a este evento?
La EdC forma parte del comité organizador del evento por encargo del Papa, y dentro de este comité ha recibido la responsabilidad de coordinar los contenidos del programa. De hecho, Luigino Bruni, nuestro coordinador internacional, es el director científico del evento. En cuanto a los motivos posiblemente tengan que ver con que la EdC es una realidad que desde el punto de vista de esta “nueva economía” aúna pensamiento y acción, tiene una dimensión global, nació de un carisma pero en ella hay personas de distintas religiones e incluso no creyentes, etc..En ese sentido, la EdC es una respuesta más para hacer realidad juntos un sistema económico más justo, inclusivo y sostenible, como pide el Papa Francisco en su convocatoria de Asís. La EdC no quiere tener ningún protagonismo en este evento; está al servicio del mismo.

- Este evento representa para el Papa Francisco la consolidación de un «pacto para cambiar la economía actual y dar un alma a la economía de mañana». ¿Será posible nadar contra corriente…?
Más que nadar contracorriente, se trata  de crear una nueva corriente. Convertir a los líderes de la economía actual es probablemente misión imposible. Por eso el Papa quiere hacer este pacto con los jóvenes y no con los actuales líderes mundiales.
No solo es posible este pacto sino que ya hay mucha gente trabajando en ello. Ciertamente, queda mucho camino por recorrer. Por eso, se trata de ser aún más conscientes, de revisar nuestros esquemas mentales y morales en aras del bien común, de aunar esfuerzos, de trabajar cada vez más en red y de dar protagonismo a los jóvenes que son quienes hoy se están formando y en cuyas manos está posibilidad de crear una economía que se preocupa por la persona y por el medio ambiente. Para crear esta corriente se necesita una mentalidad nueva, hombres nuevos. Todo esto pasa también por revisar el modo en que estamos enseñando economía y empresa en las universidades y escuelas de negocio como si las personas sólo nos moviéramos por intereses económicos. Sabemos que a diferencia de las ciencias naturales, en ciencias sociales (entre ellas, la economía) existe una relación entre la realidad que es objeto de observación y el observador, de modo que la teorías tienden a autorrealizarse. Se está demostrando que las teorías económicas no son instrumentos neutrales para conocer el comportamiento humano sino que de algún modo inducen a comportamientos en las personas. Si en las escuelas de negocio enseñamos que lo más importante es maximizar beneficios y que las personas sólo se mueven por interés, después los futuros directivos y empresarios basarán su gestión empresarial en ello.  Por ello, el Papa Francisco convoca tanto a jóvenes emprendedores como a jóvenes investigadores-profesores.

- Un pacto para cuestionar la economía capitalista que mata… ¿También la comunista?
No se trata de un pacto para cuestionar, sino para actuar… Una de las novedades de este evento es precisamente esa. Ya hay abundantes pronunciamientos en la Doctrina Social de la Iglesia con respecto a los límites de los diferentes sistemas económicos. Otra de las novedades que quiere subrayar el Papa en la DSI es unir el clamor de la tierra y el clamor de los pobres.  Finalmente, el hecho de que sea en Asís, tampoco es irrelevante: el lugar donde san Francisco se despoja de sus riquezas y propone una relación diferente con los bienes y la  economía.
Los efectos del capitalismo y comunismo han sido devastadores. Ambos han intensificado las desigualdades entre ricos y pobres. El primero generando un sistema que idolatra un consumismo insostenible y el segundo creando una asistencia social que tampoco escapa de la corrupción ni de la miseria. Ambos mermando lo más grande que tiene el ser humano: su libertad, bien haciéndonos esclavos del dinero o bien con el intervencionismo del Estado que acaba ahogando a la persona. Los dos modelos olvidan poner a la persona en el centro, así como la dimensión relacional de misma, pasando por alto una genuina gratuidad que satisface el deseo de felicidad que todas las personas llevan dentro. No puede progresar una sociedad en la que sólo exista “dar para tener” o  en el otro extremo “dar por deber”. Ni la visión liberal-individualista del mundo, en la que todo (o casi todo) es intercambio, ni la visión estadocéntrica de la sociedad en la que todo (o casi todo) es deber, son guía seguras hoy nuestras sociedades.
Tanto si estamos en un intercambio buscando únicamente un interés personal como sucede en el neoliberalismo, como si se ofrece una ayuda a otro como mero asistencialismo, porque me hace ser superior, se está maximizando una utilidad.  En ambos casos, las actuaciones de las personas no están animadas por la gratuidad ni la reciprocidad. Ambas posiciones, la neo-estatalista y la neo-liberal, se encuentran muy cerca la una de la otra en lo que respecta al espacio que debe ocupar la gratuidad y reciprocidad.

- ¿Qué podemos esperar?
Para muchos economistas como Stefano Zamagni, el remedio no puede consistir en radicalizar la alternativa entre economía pública y economía privada, o neo-estatalismo contra neo-liberalismo, sino en un vigoroso desarrollo de las formas de organización que configuran una economía civil. Se trata de humanizar la economía, algo que hunde sus raíces en la tradición del humanismo cívico que surgió en los siglos XIII y XIV en algunas ciudades italianas y que se perdió con el estallido de la revolución industrial y la consolidación del sistema capitalista. Desde entonces, por un lado, al mercado, en el que sólo existe el interés propio, se le pide eficiencia, y al Estado equidad en la redistribución de la riqueza, olvidando el principio de reciprocidad que pone en práctica la cultura de la fraternidad universal. Es decir, que el mercado vuelva a ser un medio de fortalecer el vínculo social. Para ello son necesarios ciudadanos y gobernantes que cultiven las virtudes cívicas, que apuesten por humanizar la economía sin caer en la resignación ni en la utopía.

- El papa Francisco quiere que la sociedad se abra a escuchar, razonar y proponer, para “cambiar las reglas de juego”. ¿A qué se puede estar refiriendo?
Para el Papa “cambiar las reglas del juego” es prefigurar un modelo de economía capaz de incluir a todos los hombres y no sólo a los que están debidamente preparados y dotados. En lenguaje del Papa, un sistema que no genere “descartados”. El problema del sistema actual es que no sólo se ocupa poco de las víctimas sino que se basa en seguir generándolas. Para ello, la ciencia económica ha de perseguir el bien común, haciendo de la persona su centro. En el bien común, el provecho que cada uno obtiene por el hecho de formar parte de una comunidad, no puede separarse del provecho que también otros obtienen. De este modo, el discurso económico recupera sus postulados antropológicos y su dimensión relacional. Se trata de vivir la experiencia de  fraternidad en el seno de una normal vida económica.

- Creemos con el papa Francisco que es posible transformar una “economía que mata” por “una que hace vivir”.  ¿Qué se podría hacer a medio plazo con este capitalismo que produce descartados?
Hace un año Luigino Bruni estuvo aquí en Valencia en el Simposio “Economía y Pobreza” que celebramos en la UCV y en el ISO. Y, nos decía que la economía será más humana si aumenta la comunión y reduce el egoísmo. Esta es una ley humana, antropológica, de la familia, de la amistad… que también debe mostrar la economía. Señalaba que si las políticas no tienen una comunión en la base se convierten en una fuente de conflictos porque todos competimos, los partidos, las empresas… pero los países no van adelante si las personas no somos, ante todo, amigas. Hoy parece que hemos olvidado esto y  los gobernantes deben reencontrar una base común sobre la que fundar políticas.
Pero no sólo los gobernantes deben cambiar las políticas. Todos nosotros como ciudadanos y consumidores somos una pieza fundamental del sistema. Bruni nos recordaba que los mercados financieros están actuando de forma similar a lo que hacían en el año 2007 y decía que no hemos cambiado mucho las finanzas, pero es que no hemos cambiado nosotros mismos. Hablamos de los bancos, pero también muchos individuos concretos han puesto dinero en el banco porque querían intereses sin importarles mucho cómo.
Frente a esta avaricia colectiva, podemos cambiar los hábitos de consumo, pensar dónde queremos poner nuestros ahorros, si en la banca ética o en la banca que financia el comercio de armas, por ejemplo. Las multinacionales observan minuciosamente las métricas de nuestros hábitos de consumo porque les va la vida en ello…Si estamos más atentos a productos de comercio justo, sostenibles medioambientalmente… ¿no tenemos una fuerza importante en este sentido? Todo esto tendría un impacto muy sustancial en la menor generación de “descartados”.

-Y para aquellos que viven en países de economía comunista obsoleta, ineficaz y totalitaria (Cuba, Venezuela, Nicaragua, Bolivia…). ¿Qué les concreta el papa Francisco?
Más bien lo que el Papa nos dice es que confundimos comunismo, socialismo…que prácticamente no existe ya que China o Vietnam son una economía capitalista. Siempre se dirige a éste como el sistema dominante en la actualidad.

- Para muchos el espectro neoliberal es el vencedor. ¿Dónde está una verdadera alternativa?
Afirmar que el neoliberalismo es la mejor opción para nuestro mundo no parece muy acertado cuando según el Informe sobre Riqueza Global el 45% de la riqueza se concentra solo en el 0,7% de población, la ONU nos dice que más de mil millones de seres humanos viven con menos de 1 dólar al día, o que el 30% de la población mundial no tiene acceso a agua potable y un 60% a la atención sanitaria.  Si además consideramos que el neoliberalismo está destruyendo la “casa común”, que el cambio climático está acelerando las migraciones, la verdadera alternativa está en un cambio de paradigma que combata estos datos tan terribles que atentan contra la dignidad del ser humano.
Las sociedades tienen necesidad de tres principios autónomos para poder desarrollarse de modo armónico: el intercambio de equivalentes (o contrato), la redistribución de la riqueza y el don como práctica de pertenencia a una comunidad.  Si falta el principio de reciprocidad, es sólo el Estado quien redistribuye, reduciendo el sistema a un Estado benévolo.  Si falta el principio de redistribución, entramos en un capitalismo caritativo (neoliberalismo), donde el mercado ha de actuar sin impedimentos y después los “ricos” hacen “caridad”.  Y si falta el principio de intercambio, viviremos el colectivismo, del que también la historia tiene experiencia. Es decir, o terminamos viviendo de la benevolencia de los demás o intercambiamos y comercializamos con los demás.
Según los postulados de la Economía Civil, el mercado ha de seguir funcionando porque es el mejor mecanismo de asignación de recursos que conocemos, pero debe hacerlo desde la base de una sociedad civil y de unas instituciones que adopten como principio el de la “reciprocidad”.   Este principio de reciprocidad hace referencia a que el ser humano es un ser relacional, en contraposición al paradigma individualista de la teoría económica dominante. Consecuentemente, el principio de reciprocidad ha de estar integrado con el principio de intercambio. Es decir, el mercado se convierte en un lugar de encuentro, en un lugar de “comunión”, entre los que tienen bienes y oportunidades económicas y quien no las tiene, entre todos los sujetos que participan en diferentes modos de la misma actividad.  De este modo, la actividad económica es fuente de felicidad y el sistema tiene capacidad de avanzar.
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