Elecciones y decisiones Por Diego Velicia y José Mª Santos - Revista Cresol

Vaya al Contenido
Elecciones y decisiones
Diego Velicia y José Mª Santos

Tras las elecciones generales españolas, y autonómicas en la Comunidad Valenciana, ya estamos inmersos en otra “tanda” de elecciones municipales, autonómicas y europeas, a celebrar el próximo 26 de mayo.

Merece la pena realizar una breve reflexión sobre la situación que se plantea a partir de los resultados del 28 A, siendo conscientes de que, en el momento de escribir este texto, las  mesas de negociación están en plena ebullición.

La victoria electoral del PSOE muestra que nuestra realidad política es tan dinámica que lo que hace tan solo unos años parecía un partido abocado al desastre y del que algunos profetizaban su desaparición, ahora recibe un claro mandato de gobierno. Un mandato de gobierno que no es un cheque en blanco. El PSOE tiene la posibilidad de intentar un pacto con Podemos y nacionalistas, con Ciudadanos, o intentar un gobierno en solitario con apoyos puntuales. Los desafíos que tiene este país, en particular la crisis nacionalista, invitan a buscar acuerdos que sean lo más estables posible y que no hagan depender los presupuestos del estado, las decisiones políticas, la estabilidad de gobierno, etc de la insolidaridad y el interés de los nacionalistas. La diversidad regional y política que muestra el reparto de escaños y de votos en España no puede traducirse en el chantaje permanente al que nos tienen acostumbrados nacionalistas vascos y catalanes. La responsabilidad política del PSOE ante este futuro es clara. Tan clara como su victoria.

El PP culpa de sus malos resultados a la fragmentación del voto al aparecer tres partidos de derechas, sin hacer la mínima autocrítica del porqué de esa fragmentación. En el PP cohabitaban tres corrientes: una liberal, una democristiana y una claramente conservadora e incluso reaccionaria. La corriente liberal se ha visto representada en Ciudadanos y la conservadora en Vox. Pero la corriente democristiana, la que le quedaba al PP como opción electoral, ha sido históricamente la más despreciada dentro del PP, de ahí que se haya encontrado tan descolocado de discurso y haya sido incapaz de mostrar un perfil político propio durante esta campaña. Lo que sea en el futuro el PP depende, en buena medida de cómo digieran este hecho.

Ciudadanos se encuentra ahora ante una decisión importante. Han insistido hasta la saciedad en el deseo de que la política española no dependa de los nacionalistas (proponiendo incluso reformas electorales que dificulten la presencia de nacionalistas en el Congreso de los Diputados) y ahora se encuentran ante la posibilidad real de hacer que el próximo gobierno de España no dependa de nacionalistas de ningún tipo, facilitando la investidura de Pedro Sánchez. ¿Pesará más la tentación de convertirse en el primer partido de la oposición y sustituir al PP que la posibilidad de librar al país del chantaje nacionalista? Sus hechos responderán a esta pregunta.

Podemos mantiene los votos pero baja en diputados. Las peleas internas, las purgas y el dirigentismo de esta formación política parecen haber conducido al partido a estancarse electoralmente, aunque quiera rentabilizar sus diputados de cara a la formación de gobierno.

Durante la campaña electoral hemos escuchado pocas propuestas y sí muchas broncas, ataques a los otros partidos y nula autocrítica. Se ha puesto en la mesa de nuevo el voto útil,… para que no gane el rival. Y muchos han decidido así, “votando en contra de…”. Esto muestra un escenario frentista, incapaz para el diálogo y para reconocer las propuestas del otro. Esa forma de actuar se ha contagiado a la calle, haciendo cada vez más difícil el debate sosegado, el diálogo en la sociedad.

La democracia así se debilita, lo que provoca corrupción, cronificación de muchos problemas, desafección de los ciudadanos por la política, tensiones nacionalistas, populismos de todo tipo…

Necesitamos, más que nunca, reforzar nuestra democracia, que los políticos muestren interés por resolver los problemas reales, que vivan la política como servicio, que busquen tender puentes para construir políticas de estado en educación o sanidad, y frente al paro y la precariedad, los nacionalismos excluyentes, el cambio climático o la pobreza….

Con este panorama nos vuelve a tocar decidir el 26 de mayo y tenemos que pensar con qué criterios elegiremos la papeleta. Hoy el mundo exige una respuesta radicalmente distinta, basada en la solidaridad entre las personas y entre los pueblos, lejos del enfrentamiento y la insolidaridad que hacen imposible una democracia real.

Una decisión que ponga en el centro a la persona y especialmente a los excluidos por una economía y un poder explotador que los acrecienta a pasos agigantados (parados, precarizados, hambrientos, migrantes, desahuciados, violados en sus derechos más fundamentales, víctimas del aborto,...).

Decisiones desde el Sentido Común, que es lo contrario al populismo, como criterio para acercar la política a las necesidades reales de las personas. Y desde la autogestión, del protagonismo de la sociedad organizada como motor de un verdadero cambio social.

Hay esperanza si se lucha contra las causas últimas de esta sinrazón. Que en numerosas ocasiones son causas políticas y por ello las respuestas también deben darse desde la política. Desde una forma de servir que busque el bien común, por encima del bien de unos pocos e incluso de la mayoría.

Hoy es posible, y sobre todo necesario, plantear una nueva forma de política basada en estos valores. El Partido SAIn pretende hacer una aportación con esta vocación de servicio, entendiendo que “la política es hacer posible lo necesario”.
Copyright © 2018 Revista Cresol - Desarrollado por WEBDSEO
Regreso al contenido