El cine del año pasado Por J. L. Barrera - Revista Cresol

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El cine del año pasado

José Luis Barrera Calahorro

Tal vez el año 2018 que ya es pasado, sea para la industria cinematográfica un año importante para la historia de la evolución de este arte-espectáculo. Desde 1897 en que los Lamiere estrenaban La salida de los obreros de la fábrica hasta el día de hoy, el séptimo arte ha avanzado entre diversos hitos: la aparición del cine sonoro (que se creyó que era un paso atrás), la aparición del color y de las pantallas de formato grande, el nacimiento de su gran alternativa que es la televisión, los cines con múltiples salas de exhibición…  y ahora el surgimiento y establecimiento de las grandes plataformas digitales. Aunque ya venía de unos años atrás, el pasado 2018 es el año el triunfo de Netflix, un servicio de televisión a la carta que ofrece series y películas que hoy además puede ser contempladas en las grandes pantallas de televisión que hay en muchos hogares.

Roma de Alfonso Cuarón, un filme producido solamente para la televisión que ha ganado el mayor galardón en el Festival pasado de Venecia y que ya ha sido aclamado por la crítica, ha creado entre los estudiosos del cine una fuerte polémica. La película, ¿es cine o televisión? Porque pronto la plataforma de pago se ha negado, salvo alguna excepción, a exhibirla en las salas de cine. Sólo puede verse a través del televisor o de los dispositivos digitales o el ordenador. ¿Será éste el camino que hoy el cine va a seguir? Sin duda, las salas de multicines de las grandes superficies comerciales seguirán funcionando pero el camino abierto ya por las plataformas digitales es cada vez más ancho. Movistar, Amazon Prime, la Disney... Van aparecer en el mercado de ofertas, películas que podrán ser servidas a la carta. Hasta las palabras en el mundo cambiante del cine quedan obsoletas: no deberíamos ya hablar de película puesto que este término señala un soporte físico que prácticamente se ha perdido. Ya no están grabadas en celuloide, sino en discos duros de señales digitales o en “la nube”.

Pero pese a esta imperiosa tendencia del cine contemporáneo hay que decir que éste goza de buena salud. Durante el año 2018 se han podido ver, en uno o en otro soporte, un buen puñado de buenas películas. Es difícil entonces elegir unas cuantas que destaquen, sobre las demás sin caer en el olvido de otras. Hay que citarlas por si alguno de los lectores desea rescatarlas para verlas.

En nuestro cine español, junto con las comedias Campeones de David Freser y Querida cofradía de Marta Díaz de Lope, destacan Casi cuarenta de David Trueba, Quien te cantará de Carlos Vermut, El reino, y sobre todas las que he visto, la que me parece mejor Entre dos aguas de Isaki Lacuesta. Campeones ha sido el bombazo de taquilla del año que en cierta manera ha alimentado los resultados económicos del cine español. Como todas las películas de este director, es un filme muy sencillo con algunas cosas sorprendentes y muy buen rollo. De ahí su éxito.

En el escaparate del cine internacional hay muy buenas muestras. Indicaré solamente algunas de las muchas películas que he podido ver.

El hilo invisible, de Paul Thomas Anderson seria la primera. Una obra magistral a través de la solapada biografía de un gran modisto, pero en el fondo de lo que trata es del mundo de la creación artística, del poder del ser humano en sublimar lo más cotidiano a través del arte.

Cold war (Guerra Fría), de Pawel Paweleski,  una película polaca muy austera, sería mi segunda preferida. Con gran tristeza y melancolía se nos cuenta el amor imposible de una pareja en medio de los años de la Guerra Fría tras el telón de acero. Una cinta triste, desesperanzada, como ha sido la historia reciente de Polonia.

Un asunto de familia de Hirozaku Kor-eda es en contrapartida de esta anterior, un filme luminoso, abierto y humanista sobre la familia. Aunque ésta sea japonesa y sus referentes culturales son más particulares su mensaje universal de la fundamentalidad de la vida familiar queda magníficamente expuesto.

Y por último, Roma del mexicano Alfonso Cuarón, producida para la televisión. Es una obra magistral donde el director recuerda su adolescencia en “la Colonia Roma”, una barriada acomodada de la capital mexicana en el cuadro social del México de los años 70. El intimismo de los recuerdos, la pintura de la sociedad mexicana con sus diferencias de clase, se combinan en un filme donde memoria, emoción, belleza se combinan perfectamente. Es una película inolvidable.

Habría que citar otras películas de gran calidad e interés estrenadas en este año de 2018 que ha pasado: Vida privada, Un sol interior, The Florida Project, The rider, El taller de escritura, Los archivos del pentágono, Custodia compartida, El primer hombre, Ha nacido una estrella...

En el ámbito del cine espiritual con mensajes más o menos explícitamente religiosos destacan El Reverendo del calvinista Paul Schrader, un potente melodrama de fe, donde culpa, pecado y expiación se miran con visión luterana. Francisco, un hombre de palabra un documento-reportaje dirigido por el prestigioso Wim Wenders y sostenido increíblemente por la mirada sincera  de nuestro actual Papa. Y Lázzaro felice, por su belleza, por su inocencia evangélica es casi un milagro para el cine de hoy: tal vez sea la película que mejor haya plasmado el espíritu de Francisco: amor a los pobres, y a la naturaleza, misericordia haca los marginados, crítica acerba al capitalismo liberal. Es una parábola evangélica llena de lucidez crítica, sencillez franciscana, que revive la sinceridad del neorrealismo del antiguo cine italiano.
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