Cristianos en África: fermento de unidad y signo de esperanza Por Enrique Lluch - Revista Cresol

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Cristianos en África: fermento                  de unidad y signo de esperanza
Por Enrique Lluch Frechina, Profesor de la Universidad CEU Cardenal Herrera

Francisco, nuestro obispo de Roma, ha puesto como intención de oración para el mes de junio la evangelización de África, para que la Iglesia de este continente sea fermento de unidad entre los pueblos y signo de esperanza. Hablar sobre África y la labor de la Iglesia en ella me recuerda, lo primero, que África es un gran continente. Contiene el 20% de las tierras emergidas mundiales, unos 1.300 millones de personas (el 18% de la población mundial) y 54 países. En ella está el Sahara, que es el desierto cálido más grande del mundo, además de otros desiertos como el del Kalahari. Tiene zonas de clima tropical, grandes sábanas que ocupan parte de este continente, alguno de los ríos más largos del mundo, amplias áreas boscosas en la zona del ecuador, etc.

Los países son muy diferentes unos de otros. La zona norte es una zona mediterránea con unas características físicas y sociales distintas a las que se dan en los países del África subsahariana. La situación de la Iglesia católica es también muy desigual en las distintas áreas y naciones del continente y tiene que convivir con otras religiones siendo, con mucha frecuencia, minoritaria en muchos de los lugares de este vasto continente.

Toda esta variedad de realidades no hace más que dar sentido a la llamada de Francisco. Porque ante esta amalgama de religiones, países y zonas geográficas, los cristianos podemos mostrar que las diferencias tienen que ser una oportunidad para el encuentro y no una excusa para la confrontación o para la separación entre personas y pueblos. Una de las maneras de trabajar esta unión entre pueblos es la formación conjunta que realizan muchas congregaciones que trabajan, especialmente, en el África subsahariana. En sus centros de formación y seminarios conviven estudiantes provenientes de diferentes países africanos. La riqueza que aporta salir de tu propia nación y formarte en otra junto a personas que provienen de lugares diferentes al tuyo, es fermento de amistades que se cuajan en el mismo pupitre.

Así se construye una Iglesia en la que las diferencias de nacionalidad no vienen reforzadas por unas estructuras propias de cada país, sino que se unen gracias a un trabajo común habitual que permite que los cristianos consagrados puedan realizar su labor de evangelización en cualquier país de la zona. El trabajo común por áreas que superan la dimensión nacional permite este compartir que crea lazos que construyen la unión entre los pueblos.
Además, gran parte de las Iglesias africanas trabajan en común con otras confesiones religiosas para mejorar las condiciones de vida de las personas de sus naciones. Este trabajo en común y esta aceptación pacífica y responsable de las diferencias entre religiones también es una manera de dar esperanza al continente. Muchos son los ejemplos que podríamos poner sobre como a lo largo y ancho del continente y de la historia de África, la Iglesia católica ha colaborado con otras confesiones y han trabajado en común. Desde la lucha anti-apartheid en Suráfrica, hasta el acogimiento de personas de otras religiones en recintos sagrados católicos, pasando por el trabajo educativo o social en el que no se le exige a nadie profesar una determinada creencia, todo ello son muestras de este trabajo en común y abierto a la otra religión.

El trabajo codo a codo con otras religiones ha tenido en ocasiones consecuencias que van más allá de las puramente religiosas, como son los momentos en los que la Iglesia católica ha intervenido de una manera directa para solucionar algún conflicto violento. La imagen de Francisco postrándose ante las partes contendientes de Sudán ha dado la vuelta al mundo y es solo un botón de muestra de lo que ha sido una labor de mediación que se ha repetido desde hace muchos años en distintos lugares del continente africano.

No hay que olvidar, por último, la labor de promoción social y de las personas que lleva adelante la Iglesia católica desde hace muchos años en distintos lugares del continente. La promoción de las personas, la educación que se imparte en miles de centros educativos repartidos por toda la geografía africana, la labor con los más desfavorecidos del continente, niños soldados, niños y niñas de la calle, afectados y afectadas por las guerras y el hambre, etc. La labor sanitaria con multitud de centros de salud, hospitales y dispensarios que ofrecen posibilidades de curación a quienes no las tendrían de otro modo o la labor callada de miles de cristianos que día a día luchan por la promoción de la persona y la mejora de quienes viven cerca de ellos son también signo de esperanza para el continente.

La labor de unos cristianos que no se limitan a asistir a las ceremonias religiosas, sino que viven su día a día comprometidos con la transformación social, con hacer realidad el amor en quienes tienen más cerca, con un compromiso por la paz, con aportar signos de esperanza a toda su comunidad, es la que conforma esa realidad por la que nos pide Francisco que oremos. Que en un continente complejo y amplio, los cristianos sean fermento de unidad y esperanza.


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