Cosas en verano, por D. Velicia - Revista Cresol

Vaya al Contenido

Menu Principal:

Cosas en verano, por D. Velicia

Sumari > CRÒNIQUES: MISSIÓ EDUCATIVA
Cosas que se pueden hacer en verano

Juan Sabín, Emma Contreras y Diego Velicia, responsables del curso “La solidaridad hoy”

Cosas que se pueden hacer en verano: leer, ir a la piscina, ver mucha TV y mirar mucho el móvil, hacer una excursión, trabajar, hacer ejercicio, tumbarse en la playa, jugar con los hijos,  reunirse durante 3 días con un grupo de personas interesadas en la solidaridad para conocer experiencias de solidaridad en el ámbito político, social, profesional, económico…

Las primeras cosas del párrafo anterior sucedieron mucho. Y algunas de ellas es bueno que así sea. La última de las cosas sucedió entre el 3 al 5 de agosto, en la Casa Emaús que la asociación Encuentro y Solidaridad tiene en Torremocha de Jarama (Madrid), donde se celebró el curso “La solidaridad hoy”.

Presentó un programa muy interesante, que reunió a personas que están trabajando en distintos ámbitos. Desde un bombero metido a patrón de barco (Ángel Lorenzo, de Premaid), para rescatar inmigrantes en el Mediterráneo, hasta un trabajador social (Juanjo Peris) de los de coger una tienda de campaña y presentarse en Calais en plena crisis a vivir con los inmigrantes o una enfermera (Aurora Otero de Pasaje Seguro Cantabria) que participa en las caravanas en solidaridad con los emigrantes. Testimonios que transmitían la angustia de una realidad brutal con los empobrecidos, a la vez que reflejaban la esperanza de personas de distintos países y culturas trabajando unidas por los demás.

No dejó de lado el programa el aspecto económico de la solidaridad hoy. En esa dirección transcurrió la intervención de José Esquinas, ingeniero agrónomo ex trabajador de la Fao quien resaltó que el hecho de que hoy haya personas que pasan hambre en el mundo, habiendo los medios para que eso no suceda, es fruto de la falta de voluntad política de los gobiernos y para ello apuntó un dato: el presupuesto de la Fao (organismo de las Naciones Unidas para la Alimentación) de dos años, equivale a lo que los países desarrollados gastan al año en comida para perros y gatos. También abundó en esa idea Josep Burgaya, ensayista y profesor de la Universidad de Vich, quien desgranó que vivimos en una economía del absurdo en la que por comprar más barato acabamos destruyendo nuestros propios puestos de trabajo. Insistió en no dejar la economía en manos de los expertos: “si hay algo político, es la economía, así que no debe dejarse en manos de otros”.

Sin embargo, esa es una de las dinámicas políticas actuales, tal como explicó José Fernández Albertos, del Consejo Superior de Investigaciones Científicas, que aclaró las dinámicas políticas que están provocando una crisis del sistema político actual y la aparición de movimientos políticos antisistema, apuntando a la necesidad de fortalecer el protagonismo político de la sociedad para evitar la existencia de un “precariado político”.

Hubo dos intervenciones más que llenaron el curso de dignidad: Danyck Jesssy Kanyina de la Asociación de Africanos residentes en España transmitió la realidad de explotación que padece su país de origen, Gabón, y las razones que lanzan a muchos africanos a emigrar. Houssein El Ouriachi, periodista e historiador nos desveló las recientes revueltas en el Rif (Marruecos), tan cercano y tan desconocido.

Concluyó el curso con la reflexión de Rodrigo Lastra, médico oncólogo sobre las investigaciones en el campo de la salud pública y la relación entre el paro y el cáncer.

Un hilo conductor invisible e imprevisto unió la mayoría de las aportaciones de los ponentes y de buena parte de los diálogos de los asistentes, en los ratos de trabajo en grupos y puestas en común. Ese hilo era la importancia de la política en todas y cada una de las realidades tratadas. El problema del hambre en el mundo es un problema de voluntad política para erradicarlo. No sería difícil, si los políticos quisieran. Pero no quieren, hay otros intereses por medio. La política perpetuando el hambre.
La influencia de la política en las migraciones es incuestionable. Los tratados firmados entre países condicionan las rutas que siguen los emigrantes. Se firma un tratado entre Turquía y la Unión Europea, y se cierra la ruta de Grecia, obligando a los emigrantes a intentar llegar a Europa desde Libia, por una ruta mucho más peligrosa. La política aumentando los ahogados en el mar.

Son decisiones políticas las que entregan la soberanía de los países en manos de organismos transnacionales sobre los que la ciudadanía, e incluso los propios estados, pierden por completo el control. La política disminuyendo la libertad.

A cada uno de las consecuencias de un tipo de política es necesario oponer una política de aquellos a los que les preocupa dejar un mundo mejor para toda la humanidad. Trabajar por la solidaridad hoy y dejar al margen la política, cada vez tiene menos sentido.

Por supuesto que las soluciones no son fáciles, quedó de manifiesto en el curso la falsedad de los flautistas de Hamelin que venden humo. Pero eso es más razón para preguntarse juntos cómo dar respuesta a los dramas de la humanidad desde la política, puesto que muchas veces es desde la política desde donde se causan. No abordar la política es limitarse a poner los parches sobre los desaguisados de otros.

Esa conciencia, unida a la esperanza de muchas personas que dedican mucho de su tiempo, su dinero, sus conocimientos a servir a los demás, fue el colofón de un curso que no terminó el 5 de agosto, sino que está llamado a continuar con el compromiso de todos y cada uno de los asistentes a colaborar en esta hermosa tarea.
Copyright © 2018 Revista Cresol - Creado por SocialOpen
Regreso al contenido | Regreso al menu principal