Cine: Recomendaciones Por José Luis Barrera - Revista Cresol

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Recomendaciones para no perderse
José Luis Barrera Calahorro

¡GRACIAS A DIOS!
Veo Gracias a Dios película francesa que está a punto de salir en las carteleras de estreno y que, pese a su excelente calidad artística, no se le ha prestado demasiado atención; en Francia ha creado una gran polémica y la han visto casi un millón de espectadores. El tema es de rabiosa actualidad: las acusaciones a la iglesia católica por haber ocultado muchos casos de pederastia ocurridos en su seno. Habla concretamente de un cura de Lyon que abusó de más de sesenta niños, ante la inoperancia y laissez faire del cardenal de aquella ciudad, monseñor Babarin.

Dos momentos que para mí son memorables en una película que tiene muchos: el propio arranque del filme donde contemplamos desde el Santuario situado en lo alto de la ciudad de Lyon a un obispo vestido con todas sus oropandas, mitra incluida, que bendice con la custodia del Santísimo Sacramento a la ciudad. Parece una escena de ensoñación, casi onírica y el director del filme la ha puesto manifiestamente al principio de ella para indicar el poder omnímodo, la soberbia de una institución poderosa, la Iglesia, que se  ha creído intocable, que parece tener a sus pies a todos los ciudadanos. Lo afirma en la Francia  laica con una mayoría de ciudadanos católicos. Después, todo esto se va a desarrollar acertadamente a lo largo de la debatida película de François Ozón, que sigue con detenimiento a tres de las víctimas del pederasta.

Quizá lo mejor del filme sea el desarrollo de los personajes y las situaciones personales de las tres víctimas. El primero es el que desata la denuncia contra esos casos de pederastia. Es un hombre que intenta, pese a lo sufrido, permanecer fiel a su fe católica. Es practicante, conduce una familia ejemplarmente, sabe separar su fe en Dios de los malos ejemplos de los ministros de Dios. La segunda víctima, que ha perdido la fe, igualmente se describe en el filme con una gran corrección, con deseo de una justicia que sea eficaz, y con una exigencia de que la iglesia institucional francesa rinda cuentas de sus silencios, sus disimulos y sus excusas. Pero quizá sea el último de los personajes que aparecen en la película que sufrieron los abusos pederastas, el mejor descrito y con el que el espectador comparte compasión (en el sentido positivo de la palabra: con-padecimiento). Es un hombre destrozado por la vida a consecuencia de aquel delito realizado contra él, que le ha dejado secuelas no sólo espirituales y psicológicas, sino también de una forma física. Vive casi en la miseria, derrotado en otro tiempo por la droga con una gran inestabilidad sentimental que no le ha permitido tener una familia. Su lamentable situación en medio de la depresión casi no le permite rebelarse contra esa situación injusta.

En la película se transmite el imperdonable fallo de la Jerarquía de la Iglesia que no se quiere enterar de la gravedad de este asunto: le preocupa más el escándalo provocado y ocultarlo, o se fía de las promesas de arrepentimiento y solicitudes de perdón antes que el daño psicológico, personal y hasta físico que se produce. La pederastia puede ser una enfermedad, un vicio o un pecado gravísimo y más si son sacerdotes quienes la ejecutan, pero es sobre todo, un delito que nunca debe ser encubierto y siempre debe ser castigado por la justicia. En la película cuando el cardenal Babarin en una vista previa de juicio expresa sus “¡Gracias a Dios!” porque los delitos ya han prescrito se muestra esa inconsciencia y también esa hipocresía de la que muchas veces la Iglesia adolece.

El otro momento, casi el epílogo de Gracias a Dios, menos espectacular y sí muy significativo, es cuando el hijo mayor de una de las víctimas de los abusos le pregunta a su padre, muy creyente, si aún conserva la fe. El daño que todo esto ha hecho a la Iglesia por sus tardías y negativas reacciones es enorme. Y hay que recordar que estos actos criminales no son sólo un pecado, son un delito, y  hay que contemplar primero el daño infligido a las víctimas. No hay excusa posible ni plausibles y sólo con la justicia se pueden resolver… Al acabar de ver este filme, me digo: ¡Me duele la Iglesia!

BOY ERASED
En España se ha titulado IDENTIDAD BORRADA nos muestra otra vez más como el buen cine siempre intenta ser espejo de la realidad social en la que vivimosy a la vez intenta influir en ella, fomentando actitudes, compartiendo ideas y combatiendo situaciones injustas. Identidad borrada tiene relación con la película comentada anteriormente aunque solamente porque les une el tema de la sexualidad, que en nuestra época ha sido descubierto como algo que puede ser muy positivo, constitutivo de la personalidad humana y que sólo se puede desarrollar felizmente en libertad. Esta película americana no llega a la altura artística de la francesa, pero es tan oportuna como aquella. Aquí ya no es en Francia, sino en un estado de Norteamérica -la tierra de las oportunidades- y también se basa en hechos reales: el guión sigue el libro testimonial de Garrard Conley titulado: Chico borrado, un recuerdo de la identidad, la fe y la familia e intenta responder a la pregunta ¿Puede la homosexualidad borrarse? ¿Hay algún modo de “curarla”? También pretende denunciar los métodos de terapia sexual de -por lo visto- abundantes centros de curación dirigidos por Iglesias protestantes (muchas aquejadas del virus del integrismo), cuyos métodos parecen llenos de sadismo, crueldad y violencia.

El argumento del filme es el sigue: Jared es el hijo de un predicador baptista de una pequeña ciudad norteamericana, que ha vivido su sexualidad en medio de las incertidumbres de la adolescencia. Cuando a los 18 años cuenta a sus padres que es homosexual, el joven comienza a ser presionado para que asista a un programa de terapia de conversión gay, apoyado por su iglesia, o de lo contrario será rechazado por su familia, sus amigos y la iglesia. Dentro del programa Jared entrará en conflicto con el terapeuta jefe de métodos radicales e inhumanos.

La película parece más bien un telefilme, por su lenguaje y estructura y le falta y adolece de tensión narrativa y profundidad emotiva en los personajes. Sin duda se sostiene especialmente por la interpretación del joven Lukas Edge y la compañía de Nicole Kidman y Russel Crowe. Tiene el enorme interés de plantear una cuestión que parece todavía no estar clara en las personas de inquietudes religiosas. La confrontación de una moral religiosa integrista y racionalista con lo que hoy la ciencia y la psicología replantea sobre el comportamiento sexual y que en la película se señala como un enfrentamiento más, del difícil diálogo entre fe y ciencia.

En medio de todas esas culpas, pecados, rechazos, amenazas, exclusiones, exorcismos, miedos, anatemas, castigos del infierno, condenas y excomuniones que las religiones y también la sociedad, lanzan, está el ser humano. El protagonista vive con angustia y desesperación consigo mismo, con su familia y con la sociedad que le rodea y hasta con Dios. También aquí el director de la película ha intentado excluir al verdadero Dios de ese ámbito que las religiones fundamentalistas crean. Sólo el amor verdadero de una madre es capaz de comprenderlo y aceptarlo.

Hay momentos muy conseguidos en la película como es el encuentro amoroso de los dos amigos, los diálogos con la madre, la huida del centro de terapia y también el diálogo de despedida con un padre como alguien al que  es muy difícil aceptar la condición de homosexual de su hijo.
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