Cine: De El renegado a El creyente Por José Luis Barrera - Revista Cresol

Vaya al Contenido
De El renegado (1955)
a El creyente (2019)
Un cierto cine (católico) francés

José Luis Barrera Calahorro (Valencia)

Hace unas semanas pude ver en formato de archivo la película El Renegado realizada en Francia en 1954 y dirigida por Léo Joannon. La película sigue siendo impactante, con los defectos de las intenciones apologéticas y  las situaciones melodramáticas y hasta guiñolescas. Llama la atención la ”teología sacramental” de antes del Vaticano II. ¡Todo el mundo recuerda la escena de la consagración de un litro de Blanc des blanques del 45 en una sa la de fiestas! Pero no voy a dedicar más comentario (en otro momento quizás sí) que éste inicial pues me ha sido sugerido después de haber visto la última  producción de cine de tema espiritual, religioso, católico: El creyente (Francia 2018,) de Cédrick Khan. Veo entre las dos películas además de parecidos y similitudes temáticas, un planteamiento serio, honesto y cabal del hecho religioso.

Esta larga trayectoria del cine francés con jalones como Diálogos de Carmelitas, Monsieur Vincent, la amplia filmografía de Robert Bresonn (Diario de un cura rural, Au hazard, Balthazar, Ponette, El gran silencio, De dioses y hombres y ahora, El creyente) constituyen una cierta tendencia en una cinematografía como la francesa tan poderosa, tan variada, y también tan profunda. Detrás de ella sin duda y sobre todo en los años 50 y 60, en los flecos del existencialismo, andaba una serie de intelectuales de dialogante actitud con la cultura contemporánea (filósofos, teólogos y literatos: Gabriel Marcel, Albert Camus, Jacques Maritain, Jean Guitton, François Mauriac, Georges Bernanos, Julen Green… etc) que sustentaban indirecta o directamente -algunos fueron guionistas- un gran cine de alta calidad artística y que fue recibido con expectación en un país de larga tradición laica y muchas vecs aclamado por la crítica internacional.

Así pues, veo El creyente como un eslabón más de esa cadena de cine espiritual y casi explícitamente católico que se hace en el país vecino. El creyente cuenta la historia de un chaval «subido» en el «caballo» de la heroína que para curarse ingresa en un sencillo monasterio situado al lado de un pequeño pueblo en un hermoso valle de los Alpes. Tiene unos veintidós años y acaba de salir de una gravísima crisis producida por una sobredosis. Lo vemos, al comenzar el filme, llegando con aspecto lamentable en coche hasta el monasterio que le ofrece terapia. Lo veremos al final, subiendo con pies ligeros la montaña… Con disciplina, austeridad y ascesis, logrará regenerarse e incluso encontrar a Dios no sin antes enfrentarse dramáticamente con sus demonios personales y otras circunstancias adversas.

Como en los más grandes filmes religiosos -los de Dreyer, Bergman, Bresson, Tarkovsky) va a ser el rostro humano (el de este chico desesperado y perdido) donde el director va a dirimir cuestiones tan peliagudas como son la disciplina religiosa y la espiritualidad como medio de salvación última, la vida en comunidad frente a la soledad del yo, la restauración del vínculo entre el ser humano y la naturaleza. El director se atreve con éxito a radiografiar a través de sus imágenes, la fe y la incredulidad

En el lugar del retiro, se encuentra con otros drogadictos que luchan por salir de ese diabólico círculo y se le asigna, para que nunca se quede sólo a otro compañero, que será su «ángel de la guarda». El muchacho tiene la suerte de encontrase con ciertas personas que funcionan como “ángeles buenos” que le acompañan -la monja, el compañero, el monje, la muchacha de la que se enamora-, frente a ese interior lleno de demonios del que parece poseído por la droga. El filme transcurre en el silencio del claustro, las actividades manuales y los rezos y cánticos de los monjes.
El filme, cuyo título original es La priere en ningún momento sermonea, ni siquiera pretende buscar la estampita religiosa de moral edificante. En algunos momentos por su respetuosa exposición de la vida de los monjes recuerda aquel otro filme de gran espíritu religioso que era De dioses y hombres. El filme resplandece mucha luz, no sólo por el brillo de los paisajes nevados de la alta montaña alpina sino por la que emana del interior de muchos de sus personajes. La aventura psicológica y religiosa que corre el joven heroinómano está llena de autenticidad y construye a través de decisiones poderosas un personaje lleno de sinceridad que consigue empatizar constantemente con el espectador en las distintas etapas de su camino de conversión.
Copyright © 2018 Revista Cresol - Desarrollado por WEBDSEO
Regreso al contenido