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Al teólogo Pedro Trigo

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Una buena noticia que se desea compartir solidariamente con otros

Vicente Botella Cubells OP

El jesuita Pedro Trigo nos entrega una obra sobre Jesús de gran originalidad. Según nos advierte en la sincera y esclarecedora introducción (pp. 9-12), con el libro no pretende escribir una cristología por temor a encerrar a Jesús de Nazaret en un sistema o en una composición propia y, como consecuencia, domesticarlo o limitarlo. Nuestro autor está convencido de que lo que toca al hablar del Nazareno es testificar su historia (una historia viva) desde la perspectiva discipular. De ahí las dos palabras claves del subtítulo: acercamientos situados. Asentado en esta óptica, Jesús ha de llevar siempre la iniciativa. Así, tanto el autor como el lector han de adoptar el papel de discípulos y, por tanto, la fe ha de guiar un proceso de seguimiento. Se trata de acercarse a Jesús sabiendo que nos supera infinitamente. Trigo hace suya esta perspectiva porque ha hallado en Jesús a Dios y al ser humano y la relación entre ambos. Una relación humanizadora, liberadora y salvadora. Desde esta situación vital, interesada y creyente, entiende que la finalidad de su obra es el dar testimonio de una buena noticia que desea compartir solidariamente con otros. Tal es, confiesa el autor, la “pretensión ingenua” de Jesús nuestro hermano.

Entendido el enfoque que orienta la redacción del libro, se comprende que este se organice y se haya de interpretar desde la figura estudiada y el misterio que late en ella. Dice nuestro autor que “abordando la figura desde un ángulo o desde otro, siempre nos topamos con la misma estructura de fondo”. Se refiere a la figura del Nazareno al que, sin versiones ni imágenes proyectivas de las propias expectativas, quiere presentar “desde la proyección, necesariamente limitada, del Jesús real”. De ahí su insistencia en distinguir entre la metodología empleada en la obra y la “organicidad real de la persona estudiada” a la que por aquí o por allá siempre se halla y es el centro de atención. Esta peculiar manera de proceder, hace que el autor no tenga “problema con las repeticiones” a lo largo del libro. Repeticiones que, en efecto, se dan y que, además de la justificación referida, también se deban a que los capítulos 3 y 4 son reelaboraciones a partir de textos confeccionados anteriormente.

Resulta singular la confesión valorativa que Pedro Trigo hace sobre al carácter tradicional de la fe en torno a Jesús. Hay una vertiente positiva: a Jesús lo hemos recibido en los evangelios leídos discipularmente en la Iglesia. Y otra negativa: en el legado de los concilios cristológicos, que también son recibidos y profesados pero, sobre todo, como límites que no hay que traspasar, “como normas negativas”.

Su valoración de la exégesis a la hora de acercarse a Jesús es muy nítida y coherente con sus presupuestos. Tiene en cuenta lo que dicen los exégetas que se llaman historiadores, pero es muy crítico con ellos. La razón es que no tienen en cuenta el criterio de la fe y se dejan guiar por los paradigmas culturales dominantes; por eso, atenderá mucho más a los exégetas que se declaran creyentes y practican la exégesis desde la fe que dan a los evangelios.

El libro se estructura en torno a 7 capítulos. De ellos, el primero es la clave de todos los demás: Los discernimientos de Jesús, matriz de todo discernimiento cristiano. Desde una perspectiva de claro cuño jesuítico, el autor presenta los discernimientos que Jesús tuvo que afrontar en su existencia; discernimientos que todo cristiano, en su respectiva situación, habrá de hacer para ser verdadero discípulo (p.13). El sujeto que discierne, nos informa el autor, no es el individuo Jesús, sino la persona de Jesús, el Hijo de Dios y el hermano de todos (p.124).  Llamamos la atención sobre los discernimientos relacionados con la predicación de Juan Bautista y el sentido del bautismo de Jesús por ser pieza central a la hora de entender al Nazareno y su misión en la presentación de P. Trigo. En íntima conexión con estos se halla también el discernimiento del rechazo de su misión y el de la cruz.

El segundo capítulo (La misión prepascual) explica la misión apostólica antes de la pascua como una participación real en la misión de Jesús.

El tercero (La revelación a los pobres) es un estudio de la frase evangélica de Jesús en la que destaca la revelación de la buena noticia a los pobres y su ocultamiento a los sabios y entendidos (Mt 11, 25). Para Pedro Trigo hay aquí una realidad que ha de ser tenida en cuenta siempre que hablamos de la propuesta de Jesús: la calidad de la persona, su humanidad, no se mide en términos académicos (p.165). Y es que en el caso Jesús se verifica una apuesta arriesgada de Dios a considerar en su radicalidad: solo desde abajo puede lograrse el bien de todos; solo cuando a los pobres les vaya bien, les irá bien a todos (p.179).

El cuarto capítulo (Tu fe te ha salvado), muy recomendable desde un punto de vista espiritual, nos acerca a escenas de encuentros paradigmáticos de Jesús con la gente; por sus desarrollos particulares y sus sugerentes matizaciones, la lectura de cada uno resulta una meditación muy provechosa. En todos ellos, la fe en Jesús tiene su protagonismo. Ello propicia el análisis de esa fe, que es la que sigue ligando al creyente en sus encuentros con Jesús hoy, y el estudio de las razones de la falta de fe de muchos de los que se relacionan con el Nazareno y, cómo no, del rechazo de Jesús y de su propuesta (pp.207-211).

El quinto capítulo nos traslada a la cuestión de El poder de Jesús. En él, el autor muestra la diferencia entre el poder de Jesús y el poder ambiental (de todos los tiempos). El poder de Jesús es doble: abrirse a la vida de Dios y vivir de ella y hacernos hijos y hermanos, si aceptamos su relación como él acepta la del Padre” (p.402). Termina este capítulo con unas reflexiones muy interesantes sobre el sentido y las posibilidades reales de acoger y encarnar en la realidad de nuestro tiempo este poder de Jesús (pp.403-404).

El capítulo sexto, muy interesante, nos coloca frente a La Resurrección de Jesús. Tema crucial y que el autor aborda en dos fases. En una se interesa por el sentido teológico de la resurrección (“el comienzo del Reino como reinado en el cuerpo glorificado de Jesús, Dios viniendo a nosotros no solo como Dios sino como Padre”, pp.412-413. 447), su aportación a los discípulos, a los condenados de la tierra y a los solidarizados con ellos y a los condenadores y cómplices. En la otra analiza la cuestión hermenéutica; en ella dialoga críticamente con los planteamientos de algunos autores muy marcados por la cultura de la modernidad (en especial con Torres Queiruga). Para estos, la relación de Dios con nosotros es una relación trascendente no comprobable históricamente que, por eso, puede acabar reducida a una mera elaboración cultural (p.444). Trigo sostiene, sin negar esta relación trascendente, que Dios puede condescender a comunicarse con los seres humanos humanamente (p.439). El capítulo también analiza con claridad la cuestión de la historicidad de la Resurrección.

El último capítulo, auténtica conclusión de la obra, se titula Jesús de Nazaret, paradigma absoluto de la humanidad. En él, el autor presenta a Jesús no solo como el ejemplar más notable de la humanidad, sino como el parámetro de toda la humanidad realmente humana. Presentación que puede llamar la atención por ser contraria a todo sano pluralismo, pero que, según Trigo, no se quiere imponer “sino proponer como buena noticia” y que, además, es la mejor alternativa al “paradigma del Occidente globalizado” (pp.501-502). La razón por la que Jesús es el paradigma absoluto de la humanidad es porque “atrae a todos”. Y ¿có-
mo atrae?: “cargando con nosotros, activando las energías de las personas para que sean agentes de su propia salvación, involucrando al atraído en la tarea de cargar con los que están sobrecargados, poniéndose en manos de quienes, por su mediación, se ponen en las manos de Dios y reuniendo en una familia de hermanos/as a los hijos/as de Dios dispersos” (pp.518-523).

Lo dijimos al inicio, estamos ante un libro sobre Jesús original. En él predomina un acercamiento creyente a su figura que, sin dejar el rigor de la academia, quiere destacar la vertiente discipular. Una obra situada, pues, en el interés por Jesús y que, por eso, reconoce abiertamente en él la salvación y el parámetro de la humanidad. Una obra situada en el contexto actual, pero escrita desde América Latina. Una obra sobre un tema de ayer pero leído desde hoy y con la intención de interpelar a los lectores de hoy. Una obra que se une a la tradición eclesial discipular, pero que, a luz del Jesús real, critica posturas eclesiásticas no evangélicas. Un libro, en suma, recomendable para un público muy amplio porque, a pesar de su profundidad, resulta de fácil lectura y muy sugerente en todos los niveles de la fe cristológica.
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