X aniversario de la ACG Por José Manuel Marhuenda - Revista Cresol

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X Aniversario de la ACG
José Manuel Marhuenda Salazar

El 1 de junio de este año celebraremos en nuestra Diócesis de Valencia el X Aniversario de la constitución de la Asociación de Acción Católica General, que tuvo lugar en Cheste con la Asamblea Constituyente del 1 al 4 de agosto de 2009.

Es motivo de gran alegría ver cómo en otras Diócesis de España el florecimiento de ACG es ya una realidad que está dando grandes frutos. Esto nos hace recordar las palabras del Cardenal Pironio en El Escorial, los días 18 y 19 de abril de 1995, en el Encuentro General de Apostolado Seglar, que llevó el título de “Sacerdotes y Acción Católica”. El Cardenal Pironio, con su ponencia “El camino de la Acción Católica en la Iglesia y en el mundo a la luz de Christifideles laici para la nueva evangelización”, nos introducía su ponencia con las palabras del Profeta Isaías: “Algo nuevo está naciendo, ¿no lo notáis?” (Is 43, 19).

Pero en nuestra Diócesis de Valencia, tristemente, y sobre todo por prejuicios, hay un gran desconocimiento o ignorancia del Proyecto “A vino nuevo, odres nuevos” que se aprobó en Cheste en 2009, y que previamente habían sido aprobados sus Estatutos en la XCIII Asamblea Plenaria de la Conferencia Episcopal Española celebrada en Madrid del 20 al 25 de abril de 2009.

Dado el desconocimiento y los prejuicios, y aprovechando la celebración de este X Aniversario, y también teniendo presente la reflexión que en nuestra Diócesis estamos llevando a cabo con el Proceso de Reencuentro Sacerdotal para, entre otros objetivos, impulsar la conversión de nuestras parroquias en parroquias evangelizadoras y misioneras, podemos preguntarnos:

¿Qué es la Acción Católica General?:
Es una Asociación laical creada por la Iglesia para la evangelización de las personas y de las realidades en las que está inmersa la parroquia. En estrecha vinculación con el Obispo en cada diócesis y, con la Iglesia en España, a través de la Conferencia Episcopal Española. Compuesta por laicos de las parroquias, de todas las edades. Permite recorrer el camino de la fe, sin interrupciones, desde la infancia hasta la edad adulta, lo que permite trabajar pastoralmente la realidad familiar de manera natural. Pretende ayudar en la misión de anunciar a Jesucristo a todas las personas y colaborar en la maduración de la fe cristiana de aquellos que dan sus primeros pasos en la Iglesia. Por lo que nace y vive en la Iglesia, al servicio de su misión apostólica.

La ACG es parroquial. Tiene en la parroquia su espacio natural en el que ser Iglesia. Permite organizar a los laicos de las parroquias entorno a Equipos de Vida (en otros lugares les llaman células parroquiales) donde compartir la fe, revisar la vida con la mirada de Dios y tomar impulso para ser sal en el mundo, fermento en la sociedad. Hace suyo el Plan Pastoral de la parroquia y ayuda a ésta a desarrollar plenamente sus dos dimensiones: la parroquia como comunidad Eucarística en la que participan las personas que se reconocen como creyentes, y la parroquia como territorio de misión evangelizadora. Es el párroco y no alguien proveniente de realidades eclesiales distintas, quien está llamado a ser el consiliario de los Equipos de Vida de la parroquia.

La ACG es diocesana, da consistencia, equilibrio y coherencia a la relación diócesis-parroquia mediante la promoción de un laicado maduro que dé continuidad en el tiempo a las líneas pastorales marcadas por la diócesis. Y asume los planes diocesanos como sus directrices principales y está llamada a ser representativa en la diócesis, a tener presencia en la mayoría de las parroquias. Con humildad y actitud de servicio, sin caer en la autorreferencialidad, sin anteponer siglas o estructuras a la articulación del laicado diocesano que se precise.

La ACG es misionera. Una misión que los seglares tienen que asumir con responsabilidad y protagonismo: “La pastoral misionera será fundamentalmente una pastoral realizada por los laicos” (EN nº 70). “La nueva evangelización se hará, sobre todo, por los laicos o no se hará” (CLIM nº 168). Por lo que en sus procesos se educa a niños jóvenes y adultos a ser testigos del amor de Dios a los demás, allí donde se encuentran. Apuesta por una metodología que llama a la conversión interior de las personas y las anima a comprometerse en la transformación de la realidad social. Los laicos son los encargados de hacer presente a la Iglesia en el mundo. De forma que no sólo alienta a los laicos a “salir” a evangelizar de forma individual encarnándose en lo secular, además, ayuda a trazar líneas comunitarias para la misión en el ámbito parroquial y diocesano.

Por lo que para todo ello apuesta por la Formación del Laicado habitual de las Parroquias para toda la vida, conjugando la Palabra de Dios, los contenidos del catecismo, los documentos del Magisterio de la Iglesia y la vida misma. Un proceso organizado, gradual y equilibrado, que busca la coherencia, de lo que uno cree-vive-celebra.

Creo que el Proceso de Reencuentro Sacerdotal que estamos teniendo en nuestra Diócesis es una invitación a conocer el Proyecto de Acción Católica General, eliminando prejuicios y teniendo presente lo expuesto acerca de su identidad y misión.

Es muy importante para la Iglesia que el laicado de nuestras parroquias tenga una mayor cohesión. El Proyecto de ACG no trata de imponer unas siglas o una fórmula organizativa por las que todo el mundo tiene que entrar. Simplemente pretende tender puentes y ofrecer un respaldo; respaldo que se concreta en ofrecer un itinerario para grupos parroquiales donde cultivar y madurar nuestra fe.
El Proyecto de ACG es como una “marca blanca” o “medicamento genérico” que ofrece la Iglesia para que el laicado habitual de las parroquias se apoye y se vertebre. Lo mismo que Cáritas es el instrumento propio que tiene la Iglesia para alimentar y desarrollar la dimensión sociocaritativa de nuestra fe en las parroquias y diócesis; la ACG lo es para la formación y articulación de un laicado maduro.

Podría ayudar mucho, a nuestra Diócesis y a cada uno de nosotros, presbíteros, personas consagradas y laicos, a afrontar y dar el paso de la pastoral de cristiandad a la pastoral de misión, a poder pasar de una Iglesia clerical a una Iglesia verdaderamente “eclesial”.

Tras la ponencias, reflexiones y seminarios que se están realizando con motivo del Reencuentro Sacerdotal, se descubre que muchas de las pistas y propuestas que se apuntan ya aparecen recogidas en el Proyecto “A vino nuevo, odres nuevos”. Por eso, aunque la peculiaridad de nuestra Diócesis pudiese llevar a matizar algún aspecto de dicho Proyecto, su conocimiento nos ayudaría a poder avanzar y conseguir la Iglesia que necesitamos y que nuestras comunidades y nuestra sociedad nos exige.
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