¿Por qué un partido político como el SAIn? Por Diego Velicia - Revista Cresol

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¿Por qué un partido político como el SAIn?

Diego Velicia, militante del Partido SAIn

Qué buena pregunta, ésta que me piden que conteste.
El Partido SAIn es una respuesta a una llamada. La que se escucha en el telediario, en la conversación en el patio del colegio de los hijos, en el trabajo, en el supermercado, en la cola del paro… Es una llamada que hace la situación del mundo en que vivimos. Un mundo donde se tiran alimentos a la basura por unas leyes injustas. Un mundo en el que los mayores de 45 años lo tienen muy complicado para encontrar empleo. En el que unas migraciones están toleradas y promovidas, mientras a otras migraciones se las criminaliza y obstaculiza. En el que la ropa que se vende en nuestras tiendas ha podido ser fabricada en condiciones de esclavitud. Un mundo así pide ser transformado.

¿Cómo hacer esa transformación?
Hay quien piensa que primero hay que cambiarse a uno mismo y si todos cambiamos, el mundo cambiará como consecuencia. Y hay gente que se esfuerza verdaderamente por ser cada día mejor y amar mejor a los de alrededor. Y se toman muy en serio este proceso. Tenerles cerca en la vida es una gran suerte. Son los que prestan apoyo, no se quejan, alegran a los demás, se esfuerzan en servir a los otros. Es verdad que hacen un mundo mejor. Pero olvidan que el mundo de la política, la sociedad, la economía… está regido por leyes, reglamentos, normas. A veces excesivas o ridículas. Muchas veces injustas. Y esas leyes, reglamentos, normas… sólo cambian por otras leyes, reglamentos o normas. Y eso solo se hace desde la política. Es imprescindible avanzar en ese proceso de ser cada día mejores para hacer un mundo mejor. Pero también la política puede contribuir a hacer un mundo mejor.

Algunas personas interpretan que la llamada a actuar en política es una llamada a que los cristianos se agrupen para defender “lo nuestro”. Y cuando piensan en “lo nuestro” piensan en temas como la simbología religiosa, los valores tradicionales, la defensa de los temas educativos, de la familia, etc… Claro que es importante que la simbología religiosa sea respetada. Claro que hay que actuar en temas educativos, familiares, etc. Pero si la acción política de los cristianos tiene algún sentido, tome la forma que tome, debe ser, en primer lugar, el de trabajar con los pobres y por los pobres. Todo lo demás se reorienta desde aquí. Y sin ese eje, la acción política de los cristianos se convierte en una defensa corporativa que en la historia ya se ha experimentado y cuyas consecuencias hemos padecido.

Otros cristianos se deciden a trabajar para cambiar las cosas desde dentro de los partidos clásicos. Y ahí se esfuerzan por conseguir algunos objetivos, según la sensibilidad del partido, las coyunturas políticas, la correlación de fuerzas… Y a veces consiguen algunos logros. Pero la experiencia de aquellos que han practicado esta vía nos dice que muchas veces acaban disimulando su fe para no verse marginados en los asuntos del partido. O que acaban aceptando posturas que contrarias a las que su fe les sugiere. Quienes han vivido estos procesos suelen acabar siendo más fieles al partido que al Evangelio.

Como vemos, cada respuesta tiene sus ventajas y sus inconvenientes. A mi juicio, los inconvenientes son más que las ventajas en todas las respuestas analizadas. De ahí la necesidad de buscar una respuesta nueva, diferente. El partido SAIn quiere ser esa respuesta. Y también tiene ventajas e inconvenientes. La ventaja es la posibilidad de tener un planteamiento claro respecto a las medidas necesarias para transformar la realidad que describía al principio de estas líneas. El principal inconveniente es la pequeñez del partido y su escasa fuerza política actual para propiciar esos cambios que desea. No nos desanima esta dificultad. Se convierte en un reto para los que estamos convencidos de la necesidad de una acción política solidaria en el mundo de hoy.

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