¿Nueva evangelización? Por Antonio Garai - Revista Cresol

Vaya al Contenido
¿Nueva evangelización?
Antonio Garai

Creo que todos somos conscientes que la Iglesia en general y la Parroquia en particular, no están dando la respuesta adecuada a los grandes interrogantes que plantea la sociedad llamada cristiana-occidental, aunque algunos dicen que se conservan los valores cristianos.

Por otra parte la situación de un laicismo cada vez mayor y de una demanda de laicidad que corresponde a la sociedad, nos damos cuenta que caminamos sin saber qué hacer y qué respuestas dar y cómo estar presentes en este mundo que nos toca vivir.

Con buen criterio comenzamos con el Itinerario Diocesano de Renovación. Ya llevamos unos cuantos años y nos encontramos, pienso yo, con los mismos interrogantes y planteamientos de un principio. Nadie dice que es fácil, pero me da la impresión que nos da miedo dar cambios significativos de fondo para que sea realidad la nueva evangelización, donde hay que reciclar nuestros modos de acción desde el Evangelio y poner el punto de mira en la realidad concreta de la vida; no de la Parroquia, sino de la sociedad. Comunidad Parroquial para el mundo, no para sí misma.

Lo cual no quiere decir que no hay que potenciar la Comunidad Parroquial y los grupos de reflexión y oración; porque de ahí nos alimentamos como personas creyentes para la acción. Contemplación en la acción.

Y la experiencia me dice que sólo con la oración entendida tradicionalmente, no podré transformar la sociedad y mucho menos el sistema; sino que tendré que denunciar con mi vida para anunciar un mundo nuevo, que también es oración: Hacer la voluntad de Dios.

No es que vaya en contra de la vida contemplativa; pienso que tiene cabida en esta sociedad como remanso de paz, silencio y encuentro con uno mismo y con Dios.

Hace poco José Mª Castillo decía que en España, se habla ahora mucho de política y de corrupción, de la economía y del paro, de la justicia y de los bancos, de la sexualidad y de los mil problemas que eso acarrea, de la violencia, de la crispación política y del odio, del separatismo y de tantas otras cosas que a todos nos interesan y nos preocupan.

Y se pregunta, ¿por qué los obispos y los curas se callan en casi todos estos asuntos, que son los que de verdad preocupan a la gente?
El Arzobispo D. Antonio en una de sus reflexiones decía que tenemos que estar donde está la gente, Y yo me pregunto si esta tarea es solo de los laicos o también incumbe a los curas sacerdotes. Y esto, pienso yo, no es meterse en “política” como muchas veces se dice, sino en la vida misma.
Y digo todo esto, porque hace cincuenta años mis compañeros y yo optamos por el mundo laboral, aún habiendo sido maestros y profesores en nuestro Seminario.

El paso lo dimos sin grandes planteamientos pastorales ni elucubraciones espirituales, ni pensando en una evangelización. Sencillamente, al ver que nadie venía a la Parroquia, pensamos, que nosotros podríamos ir a ellos, trabajar con ellos y vivir como ellos.

Lo que uno no sospechaba era las consecuencias que traería tal decisión. Fueron importantes, yo diría transcendentales para la vida de uno en todos los aspectos, tanto a nivel personal, laboral, social y religioso. Era comenzar a ver la vida de otra manera, con cambio de valores, perspectivas y enfoques. La “traducción” del Evangelio era distinta, porque uno comenzaba a interpretar desde los pobres y marginados; desde abajo.

Lógicamente (hace cincuenta años) para la “gente de bien”, la gente de Iglesia; vamos, que para los cristianos de siempre, fue un escándalo ver a unos curas con traje de faena (de pintor o trapero) por lo que nos tachaban de equivocados y transgresores de la “línea roja” como se dice en la actualidad. Sin embargo, casi desde un principio nos dieron unas pequeñas parroquias de nueva creación, de tal manera que a la mañana hacíamos la jornada laboral y por la tarde-noche la parroquial. Jornada completa.

Tuvimos la suerte que eran parroquias “vírgenes”, sin costumbres o tradiciones consolidadas; por lo que les parecía normal que los curas trabajaran como los demás. En este ambiente, el ser en primer lugar compañeros y amigos, y después curas, ha sido una experiencia muy positiva.

Esta línea de parroquia, de sacerdote, implicaba incomprensión y contrariedad en otros estamentos sociales y religiosos.

Anécdotas aparte, que son muchas y variadas, lo que quiero decir es que aunque no se ha sido cura obrero, sí que podemos ver que en todo esto hay algo de la nueva evangelización. Habría que matizar, profundizar y ver lo que uno puede programar en su vida pastoral, pero os aseguro que la realidad, la vida y el evangelio se ven de otra forma.

El teólogo José Mª Rovira, decía que la presencia de un sacerdote en el mundo obrero, ya era evangelización; porque la vida se concreta en una espiritualidad de la encarnación que nos lleva a trabajar por el Reino y comunicar y compartir con los otros lo que vivimos y sentimos. Una espiritualidad del “desierto”, que es estar con los pobres para encontrar ahí a Dios y hacer camino con ellos; y una espiritualidad del “compartir” para formar parte de la debilidad o fragilidad de los de “abajo”.

Todo ello nos llevaría a una desclericalización tan necesaria en la Iglesia, para superar los clichés de clérigo y laico, el que manda y obedece; y superar la primacía del patriarcado y de la jerarquización. Es aceptar con todas las consecuencias el significado del Pueblo de Dios.

Es verdad que la nueva evangelización debe basarse en unos cambios estructurales. Lo que no nos aclaramos es de qué cambios concretos se trata.

En el proceso de Reencuentro sacerdotal se preguntaba por qué nos está costando tanto pasar de una parroquia de mantenimiento a una parroquia en clave de “evangelización”, y que somos conscientes de que los cambios han de ser grandes y en profundidad. “Una opción misionera capaz de transformarlo todo, para que las costumbres, los estilos, los horarios, el lenguaje y toda estructura eclesial se convierta en un cauce adecuado para la evangelización del mundo actual más que para la autopreservación. La reforma de estructuras que exige la conversión pastoral, sólo puede entenderse en este sentido: Procurar que todas ellas vuelvan más misioneras. (E.G. 27).

Nuestra línea de curas obreros con una espiritualidad aquí expuesta, algo debe significar, algo debe decir, cuando la gente, los compañeros, los amigos y el pueblo en general, nos hayan hecho homenajes por nuestro compromiso de vida. Izquierda Unida nos homenajeó a mi compañero y a mí, por nuestro trabajo por la Justicia y los Derechos Humanos. El Ayuntamiento de Manises nos concedió el título de Hijos Adoptivos del pueblo; y a mi compañero José Luis Lazkanoiturburu se le ha dedicado una calle del Barrio.

Nuestra alegría fue grande y lo es para mí, no tanto por los títulos, que también, sino porque nuestras vidas han tenido sentido para los demás.
Copyright © 2018 Revista Cresol - Desarrollado por WEBDSEO
Regreso al contenido